
Eso sí, pecar no ya de triunfalistas, sino incluso de optimistas me parece un comportamiento tirando a abusivo. Porque señores, lo del domingo fue una simple locura, bastante alejada de los parámetros habituales del fútbol, una anormalidad de patio de colegio protagonizada, al menos, por unos cuantos genios, lo cual aporta evidente vistosidad pero se sustenta en bases balompédicas poco sólidas.
Ganamos, sí, pero bien podíamos haber perdido y bien. Es más, en este tipo de ruletas bien sabemos que no hay nada más seguro para que salga el negro que dejarnos el sueldo del mes encima del rojo. Lo ocurrido, en principio, no garantiza nada para nuestro futuro. ¿Que Forlán es un crack (el crack) y el Kun debe quedarse en el campo hasta el final llueva o truene? No hay que ir a Salamanca para llegar a esa conclusión, aunque parezca que hay entrenadores a los que les cuesta entenderlo más de la cuenta.
No, todavía no veo una base que me haga confiar en una inmediata trayectoria ascendente. Porque Leo Franco para muchas, pero siempre que ataca el rival me da un no sé qué, que parece qué se yo. Porque la defensa sigue siendo un caos, incapaz de hacer dos líneas correctas en todo un partido. Porque el doble pivote, o mejor “doble pegote”, sigue siendo una pareja de tíos sin gracia ni talento que se pasan el partido buscando el balón y cuando lo tienen descubren que no saben qué hacer con él. Porque Maxi no es extremo ni la pega como antes y Simao sí, lo intenta mucho, desborda a veces y suele (sólo suele) centrar bien, aunque a veces no le sale. Porque nos estamos fundiendo a Forlán, el mejor, que padece en este equipo la soledad del corredor de fondo, y porque el Kun, el genio, o se centra un día sí y otro también o se acabará quedando a medio camino, aquí o en otro lado.
Se ha ganado en un día de furia, pero como me da que este Atleti no va a estar furioso en todos los partidos que restan (eso seguro), más nos valdría ganar en un día de fútbol en vez de furia.
Y ustedes dirán que soy un “amargo”, como dicen en Argentina. Y tienen gran parte de razón. ¿No hubo nada bueno? Sí, lo hubo. Y mucho. El Atleti sacó un carácter que no se le recordaba, y no fue cuestión de un solo jugador armándola solito (como el año pasado el Kun), sino que se vio un equipo completo entregado a la heroica. Eso sí, sin el zapatazo del uruguayo (que Dios le bendiga) posiblemente se habrían entregado a los designios de otra noche triste y del pobrecito de mí, qué injusto es el fútbol. Pero no, estos del domingo consiguieron arrinconar al Barça, y no por demérito de los culés sino por casta y confianza propias. Vivir para ver.
Y además el Kun estuvo ahí, donde se le espera. No fue su mejor partido pero la buscó todo el tiempo y la consiguió. Sus goles fueron dos errores calamitosos de la defensa rival (qué bien sientan cuando los comete el otro), pero la siguió, estuvo ahí y definió como debe y como sabe. Ah, y yo le vi contento en las celebraciones, ya ven.
¿Los demás? A buen nivel y entonados, que no es poco. Motivados y correosos. Bien principalmente Ujfalusi tapando las vergüenzas de un Pablo que puso voluntad, pero que Ay, Dios mío, qué cruz! Y lo peor es que no hay mucho más.
Ah, y me gustó Sinama, ya ven, que no tocó mucho cuero ni rondó el gol pero fue un auténtico coñazo para la defensa rival, provocando el penalti que volvió a cambiar el partido.
Pues eso, que estoy contento, pero con la sonrisa de lado. Ya veremos, ya.
Víctor Hegelman nació en Madrid en 1.970 en un hospital cerca del ya derruido Metropolitano, y de ahí, como si no hubiese otra posibilidad, se fue derecho a ser bautizado en San Isidro y a vivir frente al Vicente Calderón. Por eso se atreve a decir que el Atleti, además del equipo de su alma, es el de su barrio.
Hegelman no es periodista sino un blogger más. Su figura aparece en el 2.006 como creador del blog “Más allá de Orión”, espacio de vida breve pero intensa pero que llega a ser una referencia entre los internautas colchoneros. Transcurridos seis meses decide echar la llave y a partir de ese momento colabora puntualmente en otros blogs como Memorias de un atlético desencantado o Pasando revista, y en webs históricas del internet atlético como Infierno Rojiblanco y Señales de Humo.
Apasionado pero a su vez reflexivo y analítico, escribe sobre el fútbol y su Atleti con pulso firme y decidido. Al que le guste bien, y al que no, también. Loco por la historia del balompié y lector ávido de cualquier libro relacionado con la misma, se considera un celoso guardián de la historia colchonera, la cual, según dice, se defiende con datos y no con leyendas.