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Lunes, 21 mayo 2012
Más allá de Orión. Victor Hegelman

WALLACE CONTRA ALATRISTE

Por Víctor Hegelman - 15 de septiembre de 2011
15 comentarios
atletico de madrid vs celtic 2011 por víctor hegelman
Ante el inminente Atleti-Celtic de la fase de grupos de la Europa League, unas más que desafortunadas declaraciones del capitán del Celtic del 74, Mc Neill, han venido a demostrar que el fútbol a veces deja heridas difíciles de cicatrizar. Muchos recuerdos difusos y olvidos intencionados para algo que fue más que un partido de fútbol. Fue la batalla de Glasgow. La inquina de los escoceses hacia todo lo que oliese a argentino venía de lejos, en particular de 1967, cuando el Celtic de Glasgow dirimió una final intercontinental con el Racing de Avellaneda que fue una guerra en tres actos, el último con tinetes tan sangrientos como bochornosos en Montevideo, donde los americanos se hicieron con el título entre patadas y puñetazos. El Celtic acabó con ocho y el Racing con nueve.

Siete años después Celtic y Atleti se iban a cruzar en las semifinales de la Copa de Europa.

¿Qué tenían estos dos acontecimientos en común? Aparentemente nada, pero para muchos escoceses la conexión era clara.

Lo cierto es que los medios locales ya se encargaron de que aquel no fuese un partido normal. Recordando aquella final de 67 con el Racing de Avellaneda vieron en el partido contra un Atlético cargado de argentinos (Lorenzo en el banquillo y Heredia, Ayala, Panadero Díaz, Ovejero, Becerra y Cabrero en la plantilla) la gran ocasión para vengar afrentas pasadas con el fútbol del país sudamericano. Poco les importaba que el Atlético fuese de Madrid y no de Buenos Aires. De hecho, algún periódico británico dejó claro el significado que tenía para ellos el encuentro, llamando al Atleti “el Atlético de Buenos Aires”. Otros titulares del estilo “vuelven los argentinos” o “Panadero Díaz, el regreso del carnicero de Buenos Aires”, metían al Atleti en una batalla que no era la suya, pero de la que no se iba a poder librar.

Para arreglar las cosas más, algún medio destapó que en el día anterior al partido, Panadero y Ovejero se habían peleado a puñetazos durante el entrenamiento, y que Rubén “Ratón” Ayala había pedido dinero a los periodistas por filmar la preparación de los. Vamos, unos piezas estos argentinos del Atleti.

Mientras tanto, el mensaje en la calle y en los alrededores de los aficionados escoceses a los jugadores atléticos era claro: os vamos a matar (metafóricamente… digo yo). En broma o menos, los representantes atléticos, jugadores y aficionados, tanto en el hotel como en el camino del estadio, recibían más de una vez de los aficionados escoceses el gráfico gesto constente en pasarse el dedo pulgar por el cuello de izquierda a derecha. Todo esto normalmente adornado con una macabra sonrisa.

Y llegó el partido.

Lo cierto es que el Celtic del 74 era un buen equipo. No un prodigio de clase, pero sí un buen equipo bien dirigido por el zorro Stein, y con un delantero pequeño y hábil como pocos, capaz de regatearse a sí mismo si hiciese falta: Jimmy Johnstone. Era un jugador magnífico, pero también teatrero como pocos y capaz de levantar a la grada en cada entrada recibida. Sin embargo, tenían un arma de la que sacaban más partido normalmente que de la clase de sus jugadores: su estadio y su ambiente. Con una afición ruidosa, a un metro de la línea de banda y unos hinchas británicos que empezaban a ser tristemente conocidos dentro y fuera de los estadios, el miedo que provocaban en los rivales era capaz de levantar eliminatorias por difíciles que se pusieran. El Basel, rival en cuartos de final de los de Glasgow en aquel año, lo podía atestiguar.

Si además, el partido se presentaba como una oportunidad de venganza personal bajo el lema “os vamos a cortar el cuello”, pocos eran los equipos a los que no les temblasen “algo” las piernas en aquel escenario.

Los jugadores del Celtic tampoco iban a la zaga. Jaleados por sus “supporters”, su actitud durante los partidos, sobre todo al comienzo de cada mitad, se basaba en las dos “pes”: pega y protesta. Los escoceses, virtudes futbolísticas aparte, plantearon el partido desde antes de su comienzo como una batalla patriótica, donde no sólo derrotar, sino machacar al rival era una cuestión de vida o muerte. Quizás su problema era que, recordando el hundimiento físico y moral de los suizos del Basel en cuartos (con prórroga incluída), estaban convencidos de que su encerrona acompañada de la rabia acumulada de años iba a ser un infierno para los jugadores atléticos. Y un infierno fue, pero con más diablos de la cuenta.

Y es que aquel Atlético no era equipo que rehuyese la pelea. ¿Tú me das una? Yo te doy dos, y otra a tu hermano, para que se acuerde de mí. ¿Tú metes los tacos en la espalada de Ayala? Yo levanto dos veces por los aires de un leñazo al “enano rubio” como le llamaban los jugadores atléticos.

Los escoceses llegaron de caza… y se encontraron con una batalla en toda regla. Llegaba William Wallace con el espadón en alto y se encontró con Alatriste y los tercios de Flandes. “No era el hombre más honesto ni más piadoso, pero era un hombre valiente…”

Porque el Atleti dio, sí, pero también recibió de lo lindo. Al “ratón” Ayala en particular le cosieron a patadas, con balón y sin él, y le acabaron echando por revolverse. A Gárate, que no protestaba ni se revolvía aunque estuviese siendo torturado, tres cuartos de los mismo.

Los escoceses, aunque lo quieran olvidar, pegaron, insultaron, empujaron, protestaron, escupieron… fueron un rival sucio, violento y canalla… que se encontró con otro que, metido en faena, podía ser (y fue) igual de sucio y canalla, pero más violento si hacía falta.

Un espectáculo poco edificante, sí, pero todavía menos al condicionarse de forma vergonzante por el árbitro de turno: el turco Babacán, el cual, tras una primera parte muy meticulosa y bastante casera, pasó a la acción en la segunda tomando descarado partido por los locales. En mi opinión el momento clave estuvo cuando Benegas hizo una entrada salvaje a Johnstone cerca de la esquina derecha del área y cometió el error de no expulsarle. A partir de ese momento el ambiente se terminó de caldear en la grada y la amenaza de invasión se convirtió en algo real. Como digo, hubo un antes y un después del “entradón”.

Ya no había más objetivo que castigar al equipo español y llevar al Celtic a la victoria. En dos minutos, el 63 y 64, Ayala y Panadero fueron a la calle con expulsiones más que rigurosas, sobre todo la del “ratón”. Y considero rigurosa la de Panadero Díaz no por que no fuese una zancadilla dura y a destiempo, sino porque las mismas acciones realizadas por los “verdes” no suponían para el turco ni amonestación verbal. Por tanto, el Atleti se quedó casi media hora con nueve, que en los últimos diez minutos fueron ocho tras expulsión de Quique en el (83’). Y el problema no era ya la inferioridad, sino la sensación de indefensión, ya que los escoceses podían utilizar cualquier marrullería para robar balones, podían empujar, pegar a su antojo… que no pasaba nada.

Pero los atléticos aguantaron como pudieron, y sacaron un meritorio y agónico empate sin goles, con un sacrificio inconmensurable y un Reina colosal bajo los palos.

Los jugadores rojiblancos (rojos aquel día) se abrazaban felices por sacar un empate con ocho. Y entonces llegó lo peor.

De camino a los túneles de vestuarios varios hooligans saltaron de la grada al campo con la permisividad de la policía local. Allí, ayudados por algunos jugadores escoceses, comenzaron a lanzar puñetazos y patadas a todo lo que oliese a español o argentino (jugadores, cuerpo técnico, delegados…). Stein, el entrenador local, lanzó dos buenos derechazos al “Toto” Lorenzo. La policía colaboró en la emboscada, aporrenando o directamente sujetando durante segundos a los jugadores atléticos para que fuesen agredidos para (por el qué dirán, supongo) llevarles luego a los vestuarios a golpes y tirones de pelo. En particular, sangrante fue el caso de Becerra que, golpeado por tres agentes, tuvo que ser rescatado por Ovejero y llevado en volandas al vestuario. Iselín, en su rescate, soltó un puñetazo a uno de los policías y minutos después estos irrumpieron en el vestuario colchonero con la intención de detener al agresor (o defensor, según se mire). Más bronca, pero no se llevaron a nadie.

En la grada las cosas no fueron mucho mejor. Hubo aficionados españoles (entonces no había ultras en el fútbol español), principalmente emigrantes que, atléticos o no, querían ver en directo a un equipo de su país, que lo pasaron francamente mal. Algunos se marcharon media hora antes entre amenazas justo después de las expulsiones de Ayala y Panadero. Otros, los que se quedaron, eran insultados y, en algunos casos, agredidos por los hooligans locales mientras pedían a gritos la ayuda de una policía sospechosamente lenta y hostil. Algunos tuvieron que esperar más de una hora para salir a oscuras y por la puerta de atrás del estadio. Otros tuvieron que huir a la carrera por las calles de Glasgow… Mala noche para parecer español por aquellos lares.

Días después el Atlético envió una carta enérgica de repulsa a la UEFA, clamando por lo que estuvo demasiado cerca de ser un linchamiento. La respuesta del máximo organismo fue clara: dos millones de pesetas de sanción al Atlético por conducta antideportiva grave y apercibimiento de expulsión a perpetuidad de las competiciones europeas. Era la sanción más grave que había impuesto la UEFA a un club en todo su existencia. Para el Celtic nada… es decir, que si considerabas que el rival había sido violento en el campo, podías soltar a tus hinchas más violentos para que “hiciesen justicia”.

Ha pasado mucho tiempo. Supongo que hay partidos que son difíciles de olvidar.

Lo que resulta en cualquier caso algo sonrojante es ver cómo, treinta y siete años después, aparece el señor Mc Neill a disparar insultos xenófobos (“el Atleti es escoria y no merece compartir ciudad con el Real”) y que no haya en la prensa masiva española ni un editorial de respuesta. Es xenofobia, sí, pues insulta gravemente a un colectivo, el de los atléticos. No se refiere a aquel equipo, o a tales jugadores. Se refiere a los atléticos. Cambia “atléticos” por negros, gitanos, judíos… y se momta “la mundial”. Pero el fútbol aguanta todo, y si es el Atleti el agraviado parece que nunca es para tanto. Sólo he visto entrevistas, recuerdos más o menos emotivos en asadores, pero ni una respuesta contundente de una firma autorizada.

Una pena, por nuestra prensa y por el propio señor Mc Neill. Un odio tan feroz mantenido durante treinta y siete años por un partido de fútbol merece que lo analice un especialista. Eso sí, a poder ser, que acuda sobrio.

 
Más allá de Orión. Victor Hegelman
 
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15 comentarios
15 Willy - 2011-09-15 18:39:11
Tienes razón 13 Fco. El Celtic, no fué Campeón Intercontinental. Fue Campeón de Europa y le gano la final al Inter de Mazzola. un saludo
14 Kique - 2011-09-15 18:28:52
Estamos de enhorabuena, por otro gran artículo sobre nuestra historia. Gracias Víctor.

Vomitivo el vídeo de MARCA, que recoge sólo las entradas de los jugadores atléticos. Cada vez se cortan menos. Si este club tuviera dignidad, haría campaña institucional contra AS y MARCA.

En todo caso, las entradas de Panadero efueron tremendas, debieron echarle 3 veces.
13 Fco - 2011-09-15 17:59:20
Al 9, Willy. Que yo sepa el Celtic nunca ha sido "campeón intercontinental". Precisamente ahí empieza todo.
12 cochise - 2011-09-15 17:45:19
Gracias Sr. Hegelman, muchas y nostálgicas gracias.
11 Ennio - 2011-09-15 17:43:21
Muy buen artículo señor Hegelman, en la línea de lo que debería ser un artículo periodístico y que supongo sin embargo se aleja de ese nuevo periodismo de crestas, declaraciones onerosas, el efecto del color rojo de la camiseta en la bolsa de Nueva York y previas europeas redactadas por iletrados en le redacción de “Salsa Rosa”. Gracias por poner luz sobre algo de lo que tanto y tan mal se ha hablado toda la semana.

No obstante, personalmente me da bastante por saco que esta prensa de cámara siempre tenga que sacar historias al margen cada vez que se puede hablar bien (o normal del Atlético). Está claro el papel de “animador sociocultural” que nos atribuyen por eso no entiendo que los aficionados, en masa, sigan comprando esa bazofia.
10 chelyleal - 2011-09-15 17:26:51
Magnifico artículo, no pudiendo venir de otro que no fuera el Sr. Hegelman.
Por otra parte, la contestación de los medios ni está ni se la espera, y de los estafadores tampoco se espera, pues seguramente si le preguntas a Cerezo (magnifico erudito especialista en asuntos atléticos)no tendrá constancia de éstos capítulos de la historia atlética, y si le preguntas al Heredero, ése tiene mucho menos idea.
Y es que a parte de no gustarles el fútbol, no están para nada que no sea llevarse comisiones.
Una pena vamos, pero peor para ellos, se han perdido la mejor parte de la lvida de nuestro atleti, el de ellos se lo pueden meter donde les quepa
9 Willy - 2011-09-15 17:05:57
Aquella final a tres partidos fue dura y violenta, muy violenta. Los escoceses no querian perder y pegaban (sin balón)a diestro y siniestro. El arbitro un paraguayo(cagón)que le costo mucho sacar targetas, pero viendo el cariz de los acontecimientos las tuvo que sacar. El Celtic de la época era uno de los gallitos europeos, no en vano fue Campeón Intercontinental, venía de dejar en la cuneta en semis al Inter de Mazzola. Los escoceses eran un buen equipo, ferreo y aguerrido. La estrella del Celtic era Johntone, un extremo derecho muy rapido y habilidosos, y sí, en el Celtic había un jugador que se llamaba Willie Walace... Racing venía de ganar la Livertadores a Nacional de Montevideo y el año anterior había sido Campeón argentino perdiendo solo un partido contra River 2 a 0. En Racing jugaban jugadores como Cejas, Perfumo, Cardenas, Alfio Basile, que años más tarde entreno a nuestro Atleti, Maschio, un exquisito, que venía de Italia para retirarse en Racing y un muchachito de apenas 18 años, un niño, lateral izquierdo que se llamaba Díaz. Este muchachito tuvo un importante papel en la final.. A Díaz, le toco bailar con la más fea,(Johntone). El chico tenía caracter y entraba fuerte y en una de esas, Johntone se revolvió y hubo intercambio de golpes, fueron expulsados los dos, Johntone quedo tendido, KO. Este muchachito del que les estoy hablando, fue conocido por la profesión de su padre, que era panadero.
La guerra del Celtic y el Atleti venía desde el 67 y de aquel KO, su nombre, Panadero Díaz. un saludo
8 Desde el infierno - 2011-09-15 16:50:22

Artículo demoledor, un 10 para Victor. En aquella época el Atlético no era un histórico, era un grande de verdad.

Para los que no quieran ir al estadio a ver el partido, pacienza, que ya queda menos para ir a ver a la "famiglia Gil" a Soto del Real. A esa visita seguro que nos apuntamos todos,jaja.

Saludos.
7 gigisalcedo - 2011-09-15 15:41:27
ese era mi Atleti.Que pena de aquella final con el gol de aquel aleman impronunciable. Joder que jugadores con esos pelos y que me cuentas de esas patillas tipo bandolero de sierra morena, cuando veo estas fotos y despues veo a los que nos dirigen ahora es que me dan ganas de...... Me cago en.... la mar salà.
Vuelve Atleti, vuelve
6 juandedios - 2011-09-15 14:12:30
Magnífico artículo. Suscribo todo lo que en él se dice. Vi ese partido por televisión cuando tenía 13 años y la sensación de rabia, impotencia e indignación que tuve durante todo el encuentro no se pueden explicar con palabras. Ratifico que algunos de nuestros jugadores repartieron a discreción (demasiado descaradamente, quizás) pero los escoceses eran absolutamente provocadores, marrulleros, violentos y alguno de ellos asquerosamente teatreros.
Ya era hora leer algo coherente y perfectamente documentado sobre este partido.
Gracias Víctor.
5 jesusez - 2011-09-15 12:57:08
Ejemplar manera de rendir justo tributo a la historia, Don Victor, muchas gracias.

Se está promoviendo por ahí entre las buenas huestes atléticas que, para el 30 de noviembre, cuando rindamos visita a Celtic Park, el equipo vista la camiseta roja con los puños rayados en rojiblanco que sirvió de atuendo a aquellos héroes del 74. Es otra forma de conmemorar esa inolvidable proeza. Yo sé que algunos aficionados la llevarán seguro. Ya se está en ello.
4 Joaquín - 2011-09-15 11:47:01
Sí, realmente sonrojante -aunque no por habitual- que no haya habido respuesta alguna en los medios a las descalificaciones -puede que rayando en la xenofobia, como bien apunta Víctor- del señor Mac Neill. En cualquier caso y por nuestra parte, haríamos bien, no en obviar lo dicho, sino en no entrar al trapo de una provocación en toda regla. Son otros tiempos.

Por lo demás, espero que el Calderón viva otra noche mágica y nos podamos divertir y si es ganando con autoridad y suficiencia, mejor. Allí estaremos todos, algunos en cuerpo presente y otros empujando desde sus casas. Lo lamento, sobre todo, por esos atléticos de corazón que se han impuesto la penitencia -como digo tantas veces y se me reprocha- de no ir al estadio. Estoy convencido de que más de uno se habrá saltado la promesa y habrá sacado una entrada. Me alegro por él de que vuelva a compartir esa perfecta comunión que mantenemos todos los atléticos. Nos vemos en el estadio.
3 Benito - 2011-09-15 10:47:49
La verdad es que las entradas de Ayala y Panadero eran de tarjeta amarilla, pero el árbitro éste era famoso por sacar tarjetas rojas y la tuvo que ni pintada. Además, al propio árbitro en un entrevista se le escapa "La UEFA me recompensó designándome como árbitro en la Supercopa de Europa aquel año." Ya sabemos cómo es la UEFA, ya; cuando la lían otros la tenemos que pagar nosotros (cerquita está lo del Marsella.)

Y es curioso que ante tal atentado con tintes racistas (los mismos que también destilaban los madridistas que nos empezaron a llamar "indios" por estos jugadores, apelativo que lejos de ofender aocgimos con orgullo, como no podía ser menos) hubo, hay, y me temo que habrá, tan poca defensa.

Por cierto, ejemplar los jugadores del Atlético dirigiéndose al árbitro siempre respetuosamente y con las manos en la espalada. Igualito que hoy algunos, vaya.
2 Pablo - 2011-09-15 10:09:28
El ATLETI nunca tuvo miedo a las batallas y si se nos esperaba con rifles nosotros avanzabamos con cañones, se defendia la camiseta por encima de todo y de todos, en la mirada de cada uno de aquellos se veia la mirada de ganador, honor y gloria a todos ellos, formaran parte de la historia con mayusculas.

Unos cuantos años despues esta en nuestras manos volver a vengarnos, espero que todo el mundo este al nivel que se espera y que se vayan con un buen saco de goles.

En cuanto a los medios de desinformación ni estan ni se les espera, uan vez más tiran la piedra para esconder la mano, lo malo es que la hierba ha empezadoa a arder y quizas hoy veamos una nueva batalla entre la legion y los chicos de William.

Por un ATLETI digno, a por ellos.
1 kikopenev - 2011-09-15 09:55:35
Bien hecho, señor Hegelman.
Llevo días esperando este artículo en cualquier medio escrito español, ya sea diario deportivo, generalista o hasta de prensa rosa, que ya me hubiera conformado con cualquier cosa. Y lo único que encuentro es que los del Atleti fueron muy malotes, pero ni una mención a que ellos fueron igual que nosotros. La lástima es que esto solo lo leemos los aficionados atléticos, y para el resto de gente que no ve más allá de lo que los panfletos madridistas o culés les cuentan, va a quedar que el magnífico equipo del 74, que tan cerca estuvo de la gloria, era poco menos que una banda de asesinos sacados de algún suburbio de Buenos Aires (donde tengo buenos amigos, dicho sea de paso).
Pero lo peor no es que la prensa haga esto. Lo peor es que la pseudodirectiva que nos destruye poco a poco no diga esta boca es mía y envíe una carta exponiendo los hechos a todas las redacciones.
Un saludo, y a por los escoceses.
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BIOGRAFÍA:

Víctor Hegelman nació en Madrid en 1.970 en un hospital cerca del ya derruido Metropolitano, y de ahí, como si no hubiese otra posibilidad, se fue derecho a ser bautizado en San Isidro y a vivir frente al Vicente Calderón. Por eso se atreve a decir que el Atleti, además del equipo de su alma, es el de su barrio.

Hegelman no es periodista sino un blogger más. Su figura aparece en el 2.006 como creador del blog “Más allá de Orión”, espacio de vida breve pero intensa pero que llega a ser una referencia entre los internautas colchoneros. Transcurridos seis meses decide echar la llave y a partir de ese momento colabora puntualmente en otros blogs como Memorias de un atlético desencantado o Pasando revista, y en webs históricas del internet atlético como Infierno Rojiblanco y Señales de Humo.

Apasionado pero a su vez reflexivo y analítico, escribe sobre el fútbol y su Atleti con pulso firme y decidido. Al que le guste bien, y al que no, también. Loco por la historia del balompié y lector ávido de cualquier libro relacionado con la misma, se considera un celoso guardián de la historia colchonera, la cual, según dice, se defiende con datos y no con leyendas.

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