
Ivic cogió un equipo básicamente mal construido (lo cual no es mucha sorpresa en la era gilista). Contaba con un meta de garantías (Abel) y un suplente de no tantas (Mejías), una sólida defensa (Tomás, Juanito, Ferreira, Solozábal, Juan Carlos, Pedro), un medio campo plagado de jugadores de contención y sube-baja (Julio Prieto, Vizcaíno, Alfredo, Donato, Pizo y el recién ascendido del filial Toni) y una delantera plagada de buenos peloteros (Manolo, Futre, Baltazar, Sabas y Rodax –entonces no sabíamos que era malo y ostentaba la Bota de Bronce tras su gran temporada en el Admira Wacker-). Adicionalmente había dos lesionados de larga duración (Aguilera y Orejuela).
Con estos mimbres Ivic comenzó su andadura apostando por los que él creía mejores con base en el que siempre había sido su sistema, a saber, un plano 4-4-2. Con ocasionales variaciones la temporada comenzó en el césped con una alineación de esta guisa: Abel, Tomás, Ferreira, Juanito, Juan Carlos, Manolo, Donato, Vizcaíno, Futre, Baltazar y Rodax. Y las cosas no iban bien.
El Atlético cayó en UEFA ante el Timisoara y en Liga se andaba metido en la media tabla con un partido ganado, cuatro empatados y uno perdido. El equipo tenía buenos jugadores pero estaba roto. Tenía pólvora arriba pero se pasaba los partidos viendo cómo el control del juego pertenecía al rival.
Y llegó una afortunada casualidad (o al menos yo lo veo así). Alguien en el club se dio cuenta de que Schuster estaba de vacaciones tras ser despedido por el Madrid de Mendoza por su poco "feeling" con los "capos" de La Quinta. Así, se tomó a principios de octubre la decisión de traer al alemán provocando la salida de Baltazar y a partir de ese momento todo cambió (pese a que Bernardo venía totalmente fuera de forma y tenía que recuperarla).
¿Por qué cuento todo esto? Porque la llegada de Schuster no habría servido de mucho si Tomislav no hubiera adaptado su esquema a lo que realmente tenía. En un equipo en el que sólo había un cerebro y el resto de jugadores eran unos pocos buenos atacantes y muchos más buenos defensores pero rara vez las dos cosas (peligrosos al ataque en la línea de contención eran, siendo generosos, Donato, Juanito, Vizcaíno y a veces Alfredo), mantener un equilibrado 4-4-2 era desaprovechar el potencial del equipo. Sí, porque Ivic se dio cuenta de que aquel equipo de destajistas tenía su verdadero potencial en la línea de vanguardia pese a que aquello conllevase despoblar la punta de ataque. Y entonces el serbio empezó a jugar con una especie de 5-4-1 girando todo alrededor del poder de convicción del gran Schuster. El equipo siguió con los dos centrales (normalmente Solozábal y Donato), pero metió un libre Juanito por detrás que era quien dirigía los movimientos de la línea de retaguardia (Juanito). En la banda dos carrileros de oficio y casta, Pizo en la derecha y Tomás, a pierna cambiada, en la siniestra. No subían mucho, pero lo importante es que lo hacían cuando se podía. En el medio del campo Schuster era la Estrella Polar, el creador, con las garantías que daba a su espalda Vizcaíno. Completaba el medio campo otro esforzado defensor reconvertido, Juan Carlos que solía ocupar la izquierda mientras que Manolo partía desde la derecha con licencia total para incorporarse al ataque haciendo que en ese momento el equipo cual acordeón se estirase hacia la diestra ocupando ese flanco momentáneamente descubierto el propio Vizcaíno. Y en punta Futre a sembrar el terror. Y en la portería Abel para evitarlo.
Lo bueno, además, era que Ivic consiguió tener jugadores polivalentes, y así, Pizo a veces era carrilero y a veces formaba doble pivote con Vizcaíno. Lo mismo pasaba con Donato, a veces, normalmente central pero con calidad para manejar el cuero en el centro del campo. ¿Y qué decir de Tomás, que ocupó ambos carriles y llegó a jugar de central con óptimos resultados? O Juan Carlos, ora interior, ora carrilero. Y si había bajas siempre podías echar mano de los Ferreira, Alfredo, Sabas, Rodax, Toni… El equipo, además de un conjunto, era un acordeón táctico y se estiraba y encogía desde un 5-4-1 a un 3-5-2 según lo requiriesen las circunstancias.
Y es verdad. Aquel invento de Ivic era defensivo y mucho. No era un cutre catenaccio pero su objetivo fundamental era que no le creasen ocasiones de gol y disponer de unas pocas buenas durante el partido. Se partía con un empate y como poco había que conseguir ese botín, por las buenas o por las malas. Y a fe que lo consiguió, pues Abel se pasó 1.275 minutos sin encajar un gol, el Atleti se destacó en la segunda plaza peleando la Liga con un gran Barça de Cruyff, y lo más importante, se creó un bloque y un equipo ganador que pudo aprovechar Luis al año siguiente. Entre otros logros adicionales le metió 0-3 al Madrid, le eliminó de la Copa pese a Ramos Marcos y ganó al Barça en el Calderón empatando en un Camp Nou donde nadie era capaz de rascar nada. En junio ganó la Copa ya sin Tomislav en el banquillo (los jugadores se hartaron de su explosivo carácter y Gil cedió) pero con la base cerrada y bien cerrada. Es cierto que en los últimos partidos de Liga, ya sin nada en juego, perdió casi todos, pero cuando llegó la Copa en junio el equipo volvió a dar la cara fresco como una lechuga y quedó campeón.
Sí, lo reconozco, ese equipo me encantaba. Y es no sólo que los rivales se veían impotentes para crear ocasiones de gol (a lo sumo cedía una o dos por partido y cuando eso sucedía ahí estaba el gato Abel), sino que cuando atacaba lo hacía juntando prudencia, criterio y talento, lo cual conllevaba que en ocasiones no sólo no encajase sino que además golease (hubo algún 4-0 en el Calderón –legendario el que le hizo al Zaragoza con nueve y exhibición de Sabas-, otro a la Real…) y dos 0-3, uno ya mencionado en el Bernabéu y otro a un potente Osasuna intratable en el Sadar. Incluso si el equipo se quedaba con uno o dos menos allí no se descomponía nadie aguantando sin problemas el resultado (0-0 en el Villamarín) o logrando la machada (el citado 4-0 a los maños).
Era un equipo poderoso. Defensivo, pero poderoso.
Insisto. ¿Por qué cuento ahora todo esto? Porque no me cabe en la cabeza cómo Aguirre, en su tercera temporada en el banquillo, sea incapaz de adaptarse a las circunstancias de su equipo. El Atleti juega con un 4-4-2 cuando no tiene jugadores para ello, básicamente porque tal sistema requiere un cerebro y dos extremos y el Atleti, de todo eso, sólo tiene un extremo bueno que es Simao. Ni Maniche ni Raúl ni por supuesto Assunçao son directores de nada ni Maxi es un extremo. Banega sí es un "jugón", un tío con capacidad de administrar y dirigir, pero necesita tener bien cubiertas las espaldas por un par de bregadores ya que tiende a tener ciertas lagunas mentales. ¿Y en defensa? Si tienes en banda a Pernía y Seita más te vale que el centro de la retaguardia esté bien poblado.
¿Quiere decir esto que propugno por un Atleti como el de Pamplona o el de Liverpool, con un solo delantero perdido en la inmensidad del desierto y sentando en el banquillo a nuestros pocos recursos válidos (Kun, Forlán, Simao…) porque lo importante es defender el empate inicial?
No, por Dios. Lo que creo es que el Aguirre debería tener aprovechar mejor sus recursos y no forzar que los jugadores se adapten a su "sistema" o "sistemas" (si es que existen) sino adaptar su sistema a los jugadores de qué dispone. Ya lo sé, a estas alturas mucho pido. Qué le vamos a hacer.
Dados los recursos con los que cuenta el Atleti y ese caos atrás que nos quita las ganas de todo, yo me olvidaría de jugar al toque y reforzaría su sentido defensivo sin reducir su arsenal ofensivo. Jugaría con dos centrales Perea y Assunçao (sí, ahí, bien metido atrás), con Ujfalusi de libre por detrás mandando. En la derecha quedaría Heitinga y en la izquierda Antonio López. También podría jugar Perea en la derecha y Heitinga en el centro, pero el holandés tiene bastante más toque y menos rapidez, y yo, prefiero en banda a un tío que corra menos y centre mejor (cuestión de gustos). Por delante y como "manija" jugaría Banega, con Maniche o Maxi vencidos a la izquierda desde el centro y cubriéndole las espaldas. Por la derecha Simao haciendo de las suyas y dando pases al área (qué manía más tonta hay ahora de cambiar a los extremos puros de su banda natural). Y en punta los dos de siempre, ocupando el Kun una posición algo más retrasada que Forlán para asistirle y apoyarle en ataque. Es decir, no cambio los jugadores sino la estrategia. Un equipo con dos tipos de hombres, los que defienden y los que atacan, pero todos sabiendo cual es su papel.
A todos nos gusta el juego bonito, pero yo por encima de todo prefiero la solidez por que con ella, posiblemente no se golea muchas veces, pero se gana en la mayoría. Era lo que hacía aquel Atlético de Ivic, caótico al principio y una máquina al final. Ser prudente no es igual que ser cobarde.
No sé si saldría o no saldría bien este plan, pero por lo menos yo tengo uno. ¿Alguien me cuenta cuál es el de Aguirre?
Víctor Hegelman nació en Madrid en 1.970 en un hospital cerca del ya derruido Metropolitano, y de ahí, como si no hubiese otra posibilidad, se fue derecho a ser bautizado en San Isidro y a vivir frente al Vicente Calderón. Por eso se atreve a decir que el Atleti, además del equipo de su alma, es el de su barrio.
Hegelman no es periodista sino un blogger más. Su figura aparece en el 2.006 como creador del blog “Más allá de Orión”, espacio de vida breve pero intensa pero que llega a ser una referencia entre los internautas colchoneros. Transcurridos seis meses decide echar la llave y a partir de ese momento colabora puntualmente en otros blogs como Memorias de un atlético desencantado o Pasando revista, y en webs históricas del internet atlético como Infierno Rojiblanco y Señales de Humo.
Apasionado pero a su vez reflexivo y analítico, escribe sobre el fútbol y su Atleti con pulso firme y decidido. Al que le guste bien, y al que no, también. Loco por la historia del balompié y lector ávido de cualquier libro relacionado con la misma, se considera un celoso guardián de la historia colchonera, la cual, según dice, se defiende con datos y no con leyendas.