
Y lo hago, en primer lugar, por motivos psicológicos y casi hasta somáticos. Lo siento, mi estructura cerebral no me permite querer que pierda el Atleti aunque eso le pueda llegar a beneficiar a corto, medio o largo plazo. No concibo desear que pierda el Atleti. Además, ya lo sabe hacer él solito en los momentos más inoportunos, así que, para qué gastar energía en desear algo que viene llegando con más frecuencia de la que nos gustaría.
Y tampoco quiero que pierdan, en segunda instancia, porque no creo que solucione nada. No sé si una victoria es “pan para hoy”, pero creo que una derrota es hambre para hoy y todavía más hambre para mañana. Señores, aquí, tal y como están las cosas, no se va a montar “La Mundial” pase lo que pase, y aunque se montase, “La Mundial” aquí tendría menos efecto que “La Municipal”. En mi opinión ahora mismo da igual que el Atleti pierda. No se van a ir pase lo que pase. ¿No hay Europa?
Pues gasto menos y además vendo a los cracks. ¿Seguimos sin ir? Pues seguimos y “ya pueden cantar Misa”. Pongámonos en lo peor (de momento). ¿Nos mandan a Segunda? Qué putada, pero venga, Enrique, aguanta que ya quedan dos días para el pelotazo. Que Calam ha dicho que está todo hecho. Recibida la pasta nos encontramos con un titular en el As extraído de una interesantísima entrevista realizada por Picu: “Vendemos el Atleti” (con sus 500 milloncejos de deuda, añado yo). Picu, enrabietado él, lanza dardos contra los mal nacidos aficionados atléticos que han conseguido que se marche el mejor presidente de la historia atlética que deja como legado el mejor estadio en alquiler de Europa y la mejor ciudad deportiva que hemos visto en la vida y cuyas obras parece que se retrasan más de lo debido. Y a ver quién compra ahora este carro lleno de abollones y con la dirección destrozada de hacer trompos. ¿Dónde están ahora los que protestaban?, dirán unos cuantos.
Que pongan ahora el dinero, insistirán. Pero no, no creo que aparezcan atléticos a comprar, porque, sentimientos aparte, lo que queda no es un club de fútbol. Es una mierda sin solución. Pero claro, la culpa de todo será de los atléticos, no de los fabricantes de la quiebra. Ellos se irán, con los bolsillos repletos. Y ahí os quedáis, asquerosos, muertos de hambre. Y ahí nos quedaremos, asquerosos y muertos de hambre.
También se dicen otras cosas. Ahora se dice que la afición ya no es buena. Cuando íbamos a miles a ver jugar al Córdoba o al Poli Ejido nos llamaban “bendita afición” y nos dedicaban camisetas de profundo color rojo sangre. Pero ahora la afición es mala porque pita a los jugadores. Y yo no creo ni que antes fuese bendita ni que ahora sea tan canalla.
La afición pita porque ya ha padecido suficiente. Porque el equipo juega cada vez peor y los objetivos, pese a estar cada vez más bajos, o no se consiguen o se consiguen de milagro. Y se cansa porque nos golean equipos de medio pelo y parece que no se puede decir nada. Y se agota porque el Atleti siempre acaba contando en sus filas con varios jugadores que tendrían difícil ser titulares en equipos de media fila de Segunda División. Y todo esto harta mucho, ya ven.
Eso sí, les entiendo pero, como diría aquel, no les comparto. No comparto el ensañamiento con determinados jugadores (este año Pernía, el pasado Santana). No comprendo que se personalice en ellos la nefasta política de fichajes y se les pite “en representación” de los tarugos en nómina mientras Maniche y Seitaridis se descojonan en su casa porque no tienen ni tan siquiera la profesionalidad de ir al estadio cuando no juegan. Nunca la afición la ha tomado con Maniche o el griego como la ha tomado con Pernía. Jamás. Y no es justo. Como no es justo mofarse y humillar a un jugador pésimo, pero que hace lo que puede. Los gritos al palco, que son los que les traen bajo criterios totalmente extrafutbolísticos. Eso sí, montarle una peña ahora me parece de pandereta. Propio de una afición manoletista y torrentista. Los sufridores, ya saben. Que se marche ya, por Dios, pero no hagamos un tema del triste Mariano.
Ah, y la afición, además de pitar, parece que el otro día cogió el gusto a descojonarse del equipo en general. Y yo tampoco lo veo. Será porque yo lo paso mal viendo al Atleti hacer el ridículo, y pitar cuando la cagan vale, pero montar una fiesta al rededor de nuestro ridículo me toca los cojones. Pero bien. Cabreados vale, pero bromitas con el Atleti las justas.
Ahora Forlán está cabreado y algunos le dicen que se calle. Que ni “mu”. Y yo le digo al uruguayo que me (nos) siga callando la boca como él lo sabe hacer, que las siga clavando y diga “mu” las veces que quiera. Así sí. Ma, me, mi, mo, mu.
Víctor Hegelman nació en Madrid en 1.970 en un hospital cerca del ya derruido Metropolitano, y de ahí, como si no hubiese otra posibilidad, se fue derecho a ser bautizado en San Isidro y a vivir frente al Vicente Calderón. Por eso se atreve a decir que el Atleti, además del equipo de su alma, es el de su barrio.
Hegelman no es periodista sino un blogger más. Su figura aparece en el 2.006 como creador del blog “Más allá de Orión”, espacio de vida breve pero intensa pero que llega a ser una referencia entre los internautas colchoneros. Transcurridos seis meses decide echar la llave y a partir de ese momento colabora puntualmente en otros blogs como Memorias de un atlético desencantado o Pasando revista, y en webs históricas del internet atlético como Infierno Rojiblanco y Señales de Humo.
Apasionado pero a su vez reflexivo y analítico, escribe sobre el fútbol y su Atleti con pulso firme y decidido. Al que le guste bien, y al que no, también. Loco por la historia del balompié y lector ávido de cualquier libro relacionado con la misma, se considera un celoso guardián de la historia colchonera, la cual, según dice, se defiende con datos y no con leyendas.