
Llegábamos a las fiestas navideñas congratulándonos por una magnífica racha de quince partidos consecutivos imbatidos. Muchos, es cierto, tenían (teníamos) más que serias dudas sobre el juego del equipo y sobre el entrenador que lo dirige, es decir, los cimientos en los que se basaba el citado logro nos parecían altamente inestables.
Tuvimos dos partidos contra dos rivales de los buenos y ¿qué hizo el Atleti? Salir al campo mostrando unas carencias de actitud, de concentración y, en fin, de juego, tremendamente similares a las exhibidas en alguno de los partidos que mes y medio antes terminaban en victoria o al menos en no-derrota a domicilio. Fuera de casa se salió atontado en Valencia al igual que ocurrió en Pamplona o Soria (donde se salió dormido y se hizo una segunda parte calamitosa). La diferencia entre un desenlace y otro está en la entidad del rival, pero la base atlética es la misma.
Contra el Barça se sale igualmente a verlas venir, y además con actitud de equipo pequeño. Alguien podría recordar la actitud exhibida ante Mallorca, Racing o Betis, a los que se gana por calidad en ataque, pero dejándoles numerosos huecos para que nos revienten la tarde, y no lo hacen porque no son el Barça. Pero el Barça sí es el Barça y pasó lo que pasó.
Sin jugar un pimiento y con base en la calidad de la plantilla se ha ganado a los equipos menores, pero ello no ha sido ni remótamente suficiente para repetir con los grandes. Correcto. Yo creo que todo el mundo se ha dado cuenta de esto. Sin embargo, lo que no acabo de entender, es la facilidad con la que el mundo se desploma ante nuestros pies. Parece que hasta nos gusta.
Antes de la Navidad había dos facciones: los ultra-optimistas que cantaban las alabanzas del mexicano, nos hablaban de records y nos aventuraban títulos para 2.009 y por otro lado los prudentes e incluso pesimistas que, a pesar de los resultados, insistían en la capacidad nula de Aguirre para sacar un buen partido de esta plantilla. Pero nadie adivinaba un desplome, una catástrofe a partir de enero. Se hablaba de victorias en partidos locos, sin táctica, sin técnica, sin pies ni cabeza, pero nadie pensaba que estas victorias no fueran a prolongarse durante el nuevo año, al menos contra aquellos equipos con peor plantilla que la nuestra y frente a los cuales se han conseguido los puntos que nos han llevado arriba, puntos que, por cierto, valen igual. Hasta el domingo es cierto que el Atleti sólo había conseguido un punto ante los otros cinco de arriba, pero también es cierto que había conseguido más puntos que los demás ante los de abajo (excepto en el caso de Barça). Por eso está ahí (todavía).
A mí, si me dicen que después del partido del Madrid no perdemos otra vez hasta Valencia y pasamos sobrados en Champions, yo lo firmo. ¿Vosotros no? Y firmo, de hecho, volver a caer ante los grandes y ganar a todos los pequeños. Resultadista lo llaman.
Pero el Atleti la fastidia en dos partidos importantes ante equipos importantes y el mundo se cae. Cayendo en la Copa ante el Barça, ya se habla de que el Atleti se va a desplomar en la segunda vuelta y el Oporto nos va a eliminar. El Atleti es una hilera de fichas de dominó. Se cae la primera y se caen todas.
Y así llegamos al partido con el Athletic Club con cara de crisis horripilante. Dos partidos han bastado para que nos lo creamos a pies juntillas. Los aficionados que hace dos semanas brindaban con champán llegan con cara de derrota al estadio, preparados para entonar lo antes posible el melódico “Aguirre vete ya”, para reírse de los jugadores e incluso, algunos gilipollas, para celebrar los goles del rival. Vaya juerga y yo que me la pierdo. Ya estamos cabreados por la derrota que aún no se ha producido, pero que se va a producir porque, señores, estamos en crisis y si no, mire usted a la cara del respetable.
Y el equipo mira a la grada y como tampoco anda sobrado de solidez mental se lo cree a pies juntillas y casualmente hace el peor partido del año en el Calderón. Un partido vergonzante. 'Si es que se veía venir, oiga', me dice el vecino de localidad, con un tono que no sé yo si mezcla enfado y a su vez satisfacción visionaria. Y yo, que soy tonto, y no le saco el gusto a los tumultos en el Calderón, me voy a casa con una molesta acidez de estómago como compañera. Una acidez provocada por la cercanía de un pedazo de mierda como un castillo de grande. Una mierda a la que no sólo nos acercamos cual activas moscas sino que nos la traemos a casa para zambullirnos en ella en cuanto la olemos a lo lejos. Total, si de todas formas iba a llegar.
¿Crisis? ¿Qué crisis? ¡Ésta, coño! Si es que se veía venir, que parece usted tonto (insisto).
Ahora sí, estamos en crisis.
Y lo peor de esta crisis ya instaurada es que en cuatro días nos hemos quedado sin el Kun. No sé qué ha pasado pero de su suplencia y posterior faringitis ante el Barcelona debe inferirse que el año que viene no está aquí. El Kun no ha dicho nada y en el club tampoco, pero yo debo pensar que, como dice el diario independiente “Sport”, la marcha del club es probable e incluso está ya cerrada al Barça… o al Madrid. Siembra mierda (por si no tenemos bastante con la nuestra) que al menos el olor no desaparecerá tan fácil. Otros dan por seguro que si el Atleti no se mete en Champions al final de temporada el Kun querrá irse y yo no digo que no. Pero tampoco que sí, porque no lo sé. Y a otros les preocupa mucho ahora la cláusula de sesenta millones, pero es la misma que tenía hace mes y pico, cuando marcaba de chilena en el Molinón.
Sí, es cierto que hasta los que se apropiaron del club no le suban los emolumentos y por ende su cláusula de rescisión la situación va a ser más que preocupante porque sí, su cláusula no huele a tal sino a precio de mercado, pero señores, no es más preocupante ahora que después de una victoria con dos goles de Agüero. O al menos a mí no me lo parece. Incluso he llegado a oír que no jugó contra el Barcelona porque en el acuerdo ya cerrado con los culés se incluye la obligación de que no vuelva a jugar contra los azulgrana… Pues vale. No digo que el Kun no se vaya a marchar nunca, lo que digo es que su marcha no es más real hoy que hace una semana.
Yo, señor, como atlético me confieso pesimista, pero soy un pesimista en línea recta. Nos hundimos, sí, pero poco a poco. Con aguirres y sin aguirres, pero siempre con giles y cerezos. Y yo que no acabo de coger el ritmo a estas súbitas tempestades. En el entorno atlético los nubarrones y posterior tormenta eléctrica llegan poco a poco… y a traición, sobre todo a traición.
Víctor Hegelman nació en Madrid en 1.970 en un hospital cerca del ya derruido Metropolitano, y de ahí, como si no hubiese otra posibilidad, se fue derecho a ser bautizado en San Isidro y a vivir frente al Vicente Calderón. Por eso se atreve a decir que el Atleti, además del equipo de su alma, es el de su barrio.
Hegelman no es periodista sino un blogger más. Su figura aparece en el 2.006 como creador del blog “Más allá de Orión”, espacio de vida breve pero intensa pero que llega a ser una referencia entre los internautas colchoneros. Transcurridos seis meses decide echar la llave y a partir de ese momento colabora puntualmente en otros blogs como Memorias de un atlético desencantado o Pasando revista, y en webs históricas del internet atlético como Infierno Rojiblanco y Señales de Humo.
Apasionado pero a su vez reflexivo y analítico, escribe sobre el fútbol y su Atleti con pulso firme y decidido. Al que le guste bien, y al que no, también. Loco por la historia del balompié y lector ávido de cualquier libro relacionado con la misma, se considera un celoso guardián de la historia colchonera, la cual, según dice, se defiende con datos y no con leyendas.