
Y es que, como dice la serie de la tele: “Aquí no hay quien viva”. O al menos vivir, lo que se dice vivir, sí se puede, pero aguantarlo sin perder la razón, se hace harto complicado.
Sí, así son las cosas. Vino Abel y lo hizo en silencio, como lo que era, un parche de la “gili-directiva”, dispuesto a salvar unos muebles tratados a patadas durante largo tiempo. Por lo menos Abel es uno de los nuestros, quizás el único en un entorno de giles, cerezos, pitarches y amorrortus. Peor que Aguirre no lo podía hacer, aquel que consiguió agotarse y agotarnos después de aguantar en el puesto más que nadie en la última década, nadie sabe bien por qué.
Y llegó Abel con cara de ilusión en un momento en que tal circunstancia no era poco aval. Ganamos en Huelva de la única forma que sabemos, en un intercambio de golpes en el que nos dio por acertar más que el rival y además dando primero, y no dos veces sino tres.
Luego empatamos contra un Getafe que por momentos nos dominó pero al que habríamos machacado a la contra de haber tenido un acierto remotamente similar al exhibido una semana antes. Posiblemente habría bastado que el último balón a portería vacía no hubiera tenido Maniche. Luego la fastidiamos en defensa pues las líneas - no por estar más juntas - se vuelven más espabiladas. Lo de siempre.
Y en Sevilla, un campo de los más complicados ante un rival que cada vez lo es menos, se pierde en un final típico. Con un empate, el Atleti no sabe si ir a por el partido o encerrarse de mala manera. Y mientras duda le meten un gol y se acaba la cuestión. Ésta también me la sé.
Y ahora surgen dudas. ¿Era este Abel el entrenador que necesitaba el Atlético de Madrid? A mí me parece una pregunta como todo lo que tenemos por aquí. Prematura y exagerada.
Parece que no han cambiado tantas cosas. Y yo digo que depende de los momentos que compares.
La situación previa a la llegada del de Velada era insostenible. Los jugadores estaban entregados, y, por más que lo nieguen, esperando a que le cortasen la cabeza al mexicano. No había más posibilidad que cambiar.
Llega Abel y se encuentra los restos que le han dejado, un equipo corto y mal construido. Sorprende y sobre todo preocupa ver el protagonismo mantenido de aquellos señalados como tumores de antaño, es decir, los Seitaridis, Pernía, Maniche… Y yo me pregunto, ¿es Abel tonto o es que una vez que ha visto lo que tiene llega a la conclusión de que no tiene otra opción, que no hay más? Aguirre se puede equivocar y no querer cambiar, pero Abel está ante la oportunidad de su vida. ¿Alguien cree que se bañaría en gasolina teniendo agua del grifo a mano?
Algunos me dicen que o se pasa o no llega. Junta tanto las líneas que Simao parece un lateral, y yo digo que si le acompañase un lateral de verdad no tendría que bajar tanto, y Simao parecería lo que es, un extremo. Y todo para terminar con el 4-2-4 de Aguirre y que Dios nos asista en la ruleta rusa.
Surge la pregunta de si Abel es entrenador para el Atleti, y yo pienso que tanto como cualquiera. Él no es el problema y eso lo sabe cualquiera. En este club histérico e irracional es una tontería traer a un Benítez o a un Mourinho (eso si quieren venir, que va a ser que no). Acabará quemado o se irá directamente. Le darán una plantilla absurda, desbordada por un lado y vacía por otro. Y luego le dirán que en invierno no se ficha, que el fichaje es ese tío que casi no ha jugado en la primera vuelta, que le saque más que ya verá. O si hay suerte traerán otro Richard u otro Pollo.
No creo que en tres partidos podamos juzgar a Abel. No es posible. Aguantamos tres años a Aguirre y queremos que Abel en tres partidos levante un equipo deshilachado y apático. Al menos ahora el Atleti es más competitivo, o a mí me lo parece. Hubiera bastado el gol de Maniche al Geta, o el de Forlán en Sevilla, o que el linier hubiese pitado un fuera de juego a Navas que estuvo "ahí ahí", y que seguro que al Kun se lo pitan. Vaya que sí. Y ahora tendríamos 39 ó 41 puntos y estaríamos en Champions. Y Abel sería un crack de pelotas. Así de frágil es todo por estos lares.
Lo que más me duele es ver cómo este Atlético de Gil se va cargando a sus mitos a fuerza de hacerles volver para terminar quemándoles las pelotas en la silla eléctrica del banquillo. De mala manera se fueron Ufarte, Peiró, Luis dos o tres veces, Ovejero, Panadero, Marcos… ¿y ahora Abel?
Qué alegría, qué alboroto, otro perrito piloto.
Víctor Hegelman nació en Madrid en 1.970 en un hospital cerca del ya derruido Metropolitano, y de ahí, como si no hubiese otra posibilidad, se fue derecho a ser bautizado en San Isidro y a vivir frente al Vicente Calderón. Por eso se atreve a decir que el Atleti, además del equipo de su alma, es el de su barrio.
Hegelman no es periodista sino un blogger más. Su figura aparece en el 2.006 como creador del blog “Más allá de Orión”, espacio de vida breve pero intensa pero que llega a ser una referencia entre los internautas colchoneros. Transcurridos seis meses decide echar la llave y a partir de ese momento colabora puntualmente en otros blogs como Memorias de un atlético desencantado o Pasando revista, y en webs históricas del internet atlético como Infierno Rojiblanco y Señales de Humo.
Apasionado pero a su vez reflexivo y analítico, escribe sobre el fútbol y su Atleti con pulso firme y decidido. Al que le guste bien, y al que no, también. Loco por la historia del balompié y lector ávido de cualquier libro relacionado con la misma, se considera un celoso guardián de la historia colchonera, la cual, según dice, se defiende con datos y no con leyendas.