
Pero un día llegaron unos traficantes y vieron que esa sustancia se podía convertir en una droga dura en toda regla, con sus adictos, sus enfermos, sus enganchados, y sobre todo su negocio, su gran negocio y su pasta. Y aquella planta alucinógena empezó a ser cortada hasta la saciedad, mezclada con otras sustancias artificiales y peligrosas para la salud. Y la metieron en bolsitas del mismo color que aquella añorada planta amazónica. Pero no sabía igual. Esta cosa no tenía nada que ver. Esta daba asco, pero provocaba una adicción furiosa y enfermiza que, pese al dolor que producía, impedía que te pudieses desenganchar.
Años después siguen siendo muchos los adictos a esta droga que se llama igual que aquella sustancia que empezaron a tomar sus antepasados cercanos, pero que por dentro no se parece en nada ya que te hace sentirte mal, en una crisis de ansiedad constante, triste, aburrido y desesperado.
Yo, señor, me confieso un adicto, pero últimamente, por bien o por mal, las cosas están cambiando.
Hace una década no podía concebir que pudiese haber partido en el Calderón, fuese contra quien fuese, y yo no estuviese allí animando.
Pero hace tres años ya que dejé de acudir. Mantengo el abono, pero no voy.
No por dejar de ir al campo dejé de ver los partidos por la tele. Si era gratis bien. Si no, pagaba.
Pero hace ya varios meses que no veo los partidos en directo (lo veo horas después, sabiendo el resultado).
Jamás había pensado que el Atleti pudiese llegar a desconectarse de mi vida, que me diese igual.
A día de hoy no me da igual, pero pienso en ello casi cada día.
La semana pasada jugó la selección y confieso que para mí fue la liberación, esto es, vivir un fin de semana sin preocuparme por este Atleti usurpado, corrompido, mezclado con talco y cortado en pequeñas dosis destinadas a amargar vidas y sacar pasta.
JFK pedía a los estadounidenses que no pensasen qué podía hacer América por ellos sino en qué podían hacer ellos por América. ¿Realmente se puede hacer algo a estas alturas por este Atleti o, por más que no queramos creerlo, ya está en fase terminal?
¿Hay esperanza? Yo no la veo.
Este Atleti me mata, pero, Sra. Rushmore, ya no me da la vida. Me la quita. Sólo eso.
Víctor Hegelman nació en Madrid en 1.970 en un hospital cerca del ya derruido Metropolitano, y de ahí, como si no hubiese otra posibilidad, se fue derecho a ser bautizado en San Isidro y a vivir frente al Vicente Calderón. Por eso se atreve a decir que el Atleti, además del equipo de su alma, es el de su barrio.
Hegelman no es periodista sino un blogger más. Su figura aparece en el 2.006 como creador del blog “Más allá de Orión”, espacio de vida breve pero intensa pero que llega a ser una referencia entre los internautas colchoneros. Transcurridos seis meses decide echar la llave y a partir de ese momento colabora puntualmente en otros blogs como Memorias de un atlético desencantado o Pasando revista, y en webs históricas del internet atlético como Infierno Rojiblanco y Señales de Humo.
Apasionado pero a su vez reflexivo y analítico, escribe sobre el fútbol y su Atleti con pulso firme y decidido. Al que le guste bien, y al que no, también. Loco por la historia del balompié y lector ávido de cualquier libro relacionado con la misma, se considera un celoso guardián de la historia colchonera, la cual, según dice, se defiende con datos y no con leyendas.