
Estaba convencido de que algún idiota iba a salir con eso de que hay que castigar a los tramposos. Y salieron. Y muchos. Y sabía, sin ser muy listo (que tampoco hace falta por estos mundos), que algún periódico de tirada nacional y conocido nombre iba a lanzar alguna encuesta en la que preguntase a su ilustrado público eso mismo, si habría que adoptar medidas punitivas con los tramposos. Y sabía, faltaba más, que el resultado iba a ser que sí, por supuesto, que nos están matando la ilusión de los niños estos sinvergüenzas.
Y para sinvergüenza, claro, el Kun, ese canalla que pervirtió con sus trampas a los infantes llevándoles al camino de la perfidia y la traición.
Y pensaba también, miren qué cosas, que algún imbécil detrás de un micrófono iba a volver a hablar de la mano ante el Recre, pero aquí me equivoqué. No fue “algún imbécil” sino que fueron “algunos imbéciles”, que cuando hay abundancia para qué ocultarla.
¿Qué has hecho Kun, que no hayan hecho otros muchos y conocidos antes, para merecer esta constante reprimenda? ¿Qué has hecho, Sergio, para que a ti no te perdonen? Te lo cuento. Tirarte en el área y marcar con la mano por tanto la zamarra equivocada.
Si no, explíquenme por qué a Raúl nadie le recuerda por su gol con la mano ante el Leeds, ni a Messi por su gol con idéntica extremidad ante el Español y que casi da una Liga, ni a Van Nistelrooy por dar una asistencia mortal con la mano a Sergio Ramos ante el Depor y allanar el camino a la Liga de Capello. Tampoco recuerdan a Villa por tirarse unas cuantas veces (en una incluso, ante el Depor, reconoció haberlo hecho y entonces se indignaron aun más) o por controlar, no me acuerdo ante quién, un balón con la mano y fusilar a placer. Ni a Luis Fabiano por marcar al Betis un valioso gol de certero manotazo. Y así unos cuantos tramposos, y no hablo de pocos.
Pero no. Aquellos casos fueron diferentes. No me pregunten por qué, pero fueron diferentes. Y lo del Kun es peor. No me pregunten por qué, pero es peor.
Y aquí nos callamos y parece que encima tenemos que tener un necesario sentimiento de culpabilidad. Si nos machacan a callar, que otra cosa es de llorones, pero si nos benefician entonces rueda de prensa pidiendo disculpas. ¿Y a mí quién me pide disculpas por el penalti que sí le hace Maduro al Kun y acaba en amarilla para el argentino, que por supuesto no recurriremos, no sea que alguien se enfade? Nadie. Eso no ha sucedido, y si reconocemos el hecho, por favor, no me compares, que no tiene nada que ver.
Embrutecedor. En serio.
Víctor Hegelman nació en Madrid en 1.970 en un hospital cerca del ya derruido Metropolitano, y de ahí, como si no hubiese otra posibilidad, se fue derecho a ser bautizado en San Isidro y a vivir frente al Vicente Calderón. Por eso se atreve a decir que el Atleti, además del equipo de su alma, es el de su barrio.
Hegelman no es periodista sino un blogger más. Su figura aparece en el 2.006 como creador del blog “Más allá de Orión”, espacio de vida breve pero intensa pero que llega a ser una referencia entre los internautas colchoneros. Transcurridos seis meses decide echar la llave y a partir de ese momento colabora puntualmente en otros blogs como Memorias de un atlético desencantado o Pasando revista, y en webs históricas del internet atlético como Infierno Rojiblanco y Señales de Humo.
Apasionado pero a su vez reflexivo y analítico, escribe sobre el fútbol y su Atleti con pulso firme y decidido. Al que le guste bien, y al que no, también. Loco por la historia del balompié y lector ávido de cualquier libro relacionado con la misma, se considera un celoso guardián de la historia colchonera, la cual, según dice, se defiende con datos y no con leyendas.