
Los citados docentes, ante tan grave situación, se vuelven poco menos que locos, ya que el libro de respuestas es todo en su monótono trabajo. Año tras año formulan en los exámenes las preguntas reflejadas en el libro, acudiendo a las últimas páginas para encontrar la correspondiente contestación. Deprimidos, vagos e ignorantes, jamás se han planteado contrastar las respuestas del libro con la realidad. Posiblemente piensan que no les pagan por ello. Con el libro es suficiente. Por eso, su desaparición les pone en evidencia. Podrían, sí, molestarse en, por una vez en su vida, documentarse y formarse de nuevo, pero, ¿quién quiere esforzarse cuando el libro es suficiente para seguir cobrando?
Una exhaustiva investigación dará finalmente con los libros en la taquilla de Bart, el cual, en un acto de inusual nobleza, se declara culpable para encubrir a Lisa. Total, Bart ya está perdido y Lisa, la lista de la familia y su última esperanza, podría ser expulsada del colegio.
A Bart no le expulsarán (eso creo), pero el castigo que tendrá que padecer será de los gordos. Uno más, en cualquier caso.
¿A qué viene esto? Les cuento.
Esta mañana me he encontrado en la edición digital de As un artículo firmado por F. J. Díaz un artículo en el que nos daba a conocer a los mortales ignorantes la intención del Club Atlético de Madrid S.A.D. de celebrar partidos a las doce de la mañana con la intención de abrir “la marca” al mercado asiático.
El célebre periodista, para ilustrar su artículo y legitimar la pretensión del club, citaba como ejemplo los partidos que el Atlético celebró a las doce de la mañana durante su estancia de dos años en la categoría nacional de plata. Su argumento es el siguiente: “El club maneja datos de la primera temporada que el Atlético estuvo en Segunda División. El club del Manzanares llenó el Calderón en los seis partidos que el Atlético jugó en horario matinal. Ante Sevilla, Betis o Recreativo, por ejemplo, el Calderón se desbordó.”
No me he resistido a enviar un comentario al foro de cara a informar, con total educación, que en su primer año en Segunda, de los tres clubes citados el Atleti sólo jugó por la mañana con el Betis (2-1, Aguilera y Dani, y espectacular tifo del Frente al comienzo del choque). Los encuentros con el Sevilla y el Recre (2-0 y 0-1) se jugaron en la tarde de un sábado. Es más, en alguno de los choques de la mañana dominical celebrados en el Calderón el campo no sólo no se llenó, sino que la entrada fue bastante pobre, como ocurrió con el Tenerife (1-2 al final) en la primera vuelta con el Atleti bordeando los puestos de descenso, o con el Leganés en la segunda (1-0 y debut de Torres), en un momento en el que las opciones de retorno a Primera volvían a oscurecerse.
Es cierto que mi mensaje terminaba con un “por favor, un poco de rigor, que os pagan por ello”, pero tal ruego, lejos de ser una falta de respecto no es más que una justa petición y un evidente recordatorio.
Pues bien, mi mensaje ha sido censurado y por supuesto, no publicado, pese a ser enviado en un par de ocasiones tratando de eludir un presunto error informático que me da que no era tal.
Qué pena, penita, pena, tener que recurrir a la censura para ocultar la propia ignorancia. El señor periodista, ante tal error, podría haber rectificado, aunque fuese a escondidas, cambiando el contenido del artículo, eliminando los nombres de Sevilla y Recre y cambiando el terminó “llenó” por “registró buenas entradas”. Pero no. Ahí sigue, a las 18.30 de la tarde, el artículo como en su origen, pleno de ignorancia y falta de profesionalidad. Es más fácil censurar al que sí se ha informado que admitir un error basado en la redacción “de oídas” o “porque me suena que fue así”. Total, si el público es idiota y se traga lo que le cuentes, ¿para qué perder un rato en informarse antes de hablar si no es necesario y cuando tienes el poder de vetar a los listillos que osen corregir tus errores? Y a Relaño parece que le da igual. Bah!, el “Aleti”.
Cuánto se parecen estos periodistas a esos profesores de primaria de Springfield, tan preocupados por recuperar sus libros de respuestas y tan ajenos a su obligación de conocerlas por sí mismos.
La escena del capítulo de "Los Simpson" termina con Bart escribiendo en la pizarra, a modo de castigo, la siguiente frase: “No pondré en evidencia la ignorancia del profesorado”.
Yo tampoco pondré en evidencia la del periodismo “atlético” del As. Total, para eso está la censura.
Por cierto, a mí me parece bien jugar los domingos por la mañana. Recuerdo en los tiempos de don Vicente Calderón un puñado de partidos a las doce, contra el Valencia coincidiendo con la visita del Papa Juan Pablo II, Español, Osasuna, Elche, Betis en Copa de la Liga (creo recordar)… Picu, si quieres lo miras.
El ambiente de aquellas matinales solía ser muy bueno y las entradas (menos contra el Elche en vísperas de Nochebuena), bastante numerosas. Luego te quedaba la tarde del domingo para ir al cine o dar un paseo. Me gustaba, sin que eso quiera decir que sea bueno ni malo. Es sólo una opinión, y lo de más arriba, información. De nada, Relaño.
Víctor Hegelman nació en Madrid en 1.970 en un hospital cerca del ya derruido Metropolitano, y de ahí, como si no hubiese otra posibilidad, se fue derecho a ser bautizado en San Isidro y a vivir frente al Vicente Calderón. Por eso se atreve a decir que el Atleti, además del equipo de su alma, es el de su barrio.
Hegelman no es periodista sino un blogger más. Su figura aparece en el 2.006 como creador del blog “Más allá de Orión”, espacio de vida breve pero intensa pero que llega a ser una referencia entre los internautas colchoneros. Transcurridos seis meses decide echar la llave y a partir de ese momento colabora puntualmente en otros blogs como Memorias de un atlético desencantado o Pasando revista, y en webs históricas del internet atlético como Infierno Rojiblanco y Señales de Humo.
Apasionado pero a su vez reflexivo y analítico, escribe sobre el fútbol y su Atleti con pulso firme y decidido. Al que le guste bien, y al que no, también. Loco por la historia del balompié y lector ávido de cualquier libro relacionado con la misma, se considera un celoso guardián de la historia colchonera, la cual, según dice, se defiende con datos y no con leyendas.