
La opinión generalizada, sostenida y diría que mayoritaria del “Aguirre vete ya” parece haber perdido adeptos, incrementándose los del “bueno, mejor lo malo conocido” y viene surgiendo con fuerza una nueva, la del “gracias Aguirre, eres grande”, cuyos miembros defienden con vehemencia al mexicano al cual atribuyen gran parte del mérito de la buena marcha actual. Y la verdad, me parece muy bien esta diversidad de pareceres.
Mi opinión sobre el asunto no se sitúa claramente en ninguna de las corrientes. No me mojo porque no lo tengo claro, básicamente. Aguirre, en mi opinión, tiene sus puntos positivos y sus puntos menos positivos, por no decir abiertamente negativos sin más. Empecemos pues.
Muchas veces en esto del fútbol automáticamente se califica como buen entrenador a aquel cuyo equipo gana los partidos. Por ejemplo, era frecuente en tiempos oír decir a los madridistas lo buen entrenador que era Del Bosque, y yo, ya ven, discrepaba. El Madrid ganaba, sí, y en ocasiones, con el marcador claramente a favor, hasta se chuleaba. Pero un entrenador no podía ser tan bueno cuando el 80% de su éxito dependía de las paradas de Casillas.
Antes de que Ronaldo enchufase la primera que se le presentaba o Zidane o Figo hiciesen de las suyas, el de Móstoles solía haber atajado dos o tres de las que muy pocos atajan. El Madrid sencillamente no se enteraba ni del NO-DO hasta que uno de sus muchos grandes jugadores le ponía por delante en el marcador con una genialidad. Y lo mismo me parece que viene pasando con Aguirre.
¿La virtud de don Vicente? No enredar y saber manejar un vestuario con un buen número de estrellas en el que cada una sentía su papel protagonista. Lo mismo que hace Aguirre, con sus matices rojiblancos y sin galaxias de por medio. Ni en los momentos de mayor crisis he leído u oído críticas o comentarios maliciosos de los jugadores a su entrenador. Quizás algún gesto de Reyes en su momento (suerte en el Benfica y adiós muy buenas chaval). La unidad y tranquilidad del vestuario sí es mérito de Aguirre. Esas cosas no nacen solas.
Y abundando en la tranquilidad del Vasco, hay que destacar la que viene luciendo en momentos críticos, cercana a la parsimonia. El mexicano ante un bombardeo no es de los que corren despavoridos chocándose entre sí. Camina despacio esquivando a la enloquecida masa hacia el único refugio cuya dirección conoce. Tiene un plan, un solo plan, y lo ejecuta hasta el final. Y ese plan puede no ser el mejor o el más brillante, pues incluye caminar un kilómetro al descubierto, pero, desde luego, ofrece posibilidades de salvación y con él va hasta la salvación… o el fin. Que nadie espere a don Javier como líder de un ocurrente “plan B”. Como decía aquel: “En las tribulaciones es mejor no hacer mudanzas. Como mucho toca reforzar el tejado”. Ese es Aguirre. Como mucho te quita a un delantero y te mete otro centrocampista.
Esa flema cuasi-británica, asimismo, le lleva a no quejarse nunca de los árbitros, por "pardas que nos las líen". Mientras que muchos otros en general, y el vecino en particular, la montan en cuanto no les pitan como les gusta, Aguirre calla. Sólo una vez (el día del Numancia) le he visto “sugerir algo” de forma tímida. Y no sé, está bien eso de la caballerosidad, pero en la selva o eres el que más corre o el que más muerde, pero los puntos medios no aportan gran cosa.
¿Y qué hay del “Aguirre director”? Dicen algunos también que si el Atleti no juega mejor es porque la plantilla no está bien confeccionada, que tiene muchas carencias, y aquí las culpas se suelen cargar de Pitarch para arriba. Y yo pienso, ya ven, que un entrenador debe de tener el carácter suficiente como para influir definitivamente en la plantilla que va a tener, o al menos en su gran mayoría. Sinceramente no creo que a Benítez o Mourinho les cuelen muchos jugadores, y si se los cuelan es porque previamente les han cubierto sus peticiones. Lo que me transmite Aguirre es que no interviene en el diseño de la plantilla. Hace lo que puede con lo que le dan, y eso, lejos de exculparle, dice muy poco en su favor. Salvo en el caso de Raúl García dudo que algún fichaje se haya hecho directamente por indicación suya.
Y no me vale que me digan que no hay pasta. Si no puedes fichar a Diego o Van der Vaart buscas a otro, rastreas el mercado (como hace el Sevilla, por ejemplo) y te traes algo bueno y más económico, que lo hay. Y ahí es donde Aguirre debería tener su propia lista y tratar de imponerla, pero me da que no la tiene. Entre el todo y la nada suele haber muchos puntos intermedios.
Y si no interviene en los fichajes, al menos me gustaría que lanzase mensajes a la directiva sobre las necesidades del equipo, tales como que no se puede traspasar a los mejores si se quiere crecer, que más vale fichar poco a poco, o incluso más barato que dejar que se lleven a tus estrellas. Pero Aguirre no dice nada. Ni una palabra. Me da que es un “mandao”, y a lo mejor es que como entrenador de este club no se puede ser otra cosa para sobrevivir, lo cual, ya ven, me entristece.
¿Y en cuanto al juego del equipo? Obviando el axioma de que se juega para ganar y no para más, a mí no me preocupan a día de hoy los resultados, sino los cimientos sobre los que se sustentan. Ya dije que ganamos porque pegamos como bestias pero también recibimos más de la cuenta en cada combate.
No quiero que Aguirre haga experimentos, sencillamente me vale con que en cada partido se defiendan bien los corners y no aparezcan jugadores enemigos rematando solos, que el Atleti sepa guardar el balón cuando toque, que se repliegue con orden y no cometa fallos ridículos en el fuera de juego, que en las jugadas a balón parado creemos peligro con frecuencia y metamos algún gol a tres toques sorprendiendo a la defensa rival, que sepa hacer los cambios adecuados en los momentos clave… No sé, son esas cosas que diferencian a los equipos buenos y bien entrenados y que a mí me aportan seguridad y confianza. Que los partidos del Atleti sean un intercambio feroz de golpes no me deja tranquilo aunque sepa que mis puños son poderosos. No me gusta poner a prueba constantemente la dureza de mi mandíbula o mi abdomen. Prefiero “cobrar” lo menos posible y que mi portero sea “poco” protagonista y mis golpes, aunque sean menos, que sean certeros y con la espalda cubierta.
Como cualquier otro atlético quiero ganar, pero veo muchas cosas que se pueden y deben mejorar para dar solidez a la trayectoria ascendente. Al Vasco, lo que es del Vasco, pero lo que no es suyo y lo que creo que le falta, como atlético me preocupa y así se lo demando. Faltaría más.
Víctor Hegelman nació en Madrid en 1.970 en un hospital cerca del ya derruido Metropolitano, y de ahí, como si no hubiese otra posibilidad, se fue derecho a ser bautizado en San Isidro y a vivir frente al Vicente Calderón. Por eso se atreve a decir que el Atleti, además del equipo de su alma, es el de su barrio.
Hegelman no es periodista sino un blogger más. Su figura aparece en el 2.006 como creador del blog “Más allá de Orión”, espacio de vida breve pero intensa pero que llega a ser una referencia entre los internautas colchoneros. Transcurridos seis meses decide echar la llave y a partir de ese momento colabora puntualmente en otros blogs como Memorias de un atlético desencantado o Pasando revista, y en webs históricas del internet atlético como Infierno Rojiblanco y Señales de Humo.
Apasionado pero a su vez reflexivo y analítico, escribe sobre el fútbol y su Atleti con pulso firme y decidido. Al que le guste bien, y al que no, también. Loco por la historia del balompié y lector ávido de cualquier libro relacionado con la misma, se considera un celoso guardián de la historia colchonera, la cual, según dice, se defiende con datos y no con leyendas.