
¿¡Cómo se puede ser tan vieja, y a la vez tan lozana!?. ¿Cómo logras seguir caminando con la espalda llenita de puñales?. ¿Por qué no siento miedo al abrazarte, mientras las manos se llenan de llagas sangrando penas?. ¡Ay, mi Atleti!…Mitá manantial, mitá acerico. Dame el calor de tu Cuerpo, que tengo frío sólo arropao con la bufanda. Susúrrame al oído una miajita de silencios. Muéstrame los sonidos, las algarabías, los éxtasis, a través de tus pupilas rayadas.
Sácame a bailar, Atleti. Mientras la coral de difuntos y vivos suena en un enorme piano con teclas en forma de Grada. Una, dos, tres… Entonando una vieja canción de amor, que comienza con un deseo. “Yo me voy al Manzanares”. Como se fueron las niñas de Goya, a jugarse una gallinita ciega. Igual que marcharon aquellos que nos precedieron, llevando petate, honra y ahorros por montera. “Ya estamos en nuestro Campo, y nadie nos ha humillado”. Por entonces, los secuestradores no ejercían de dueños.
Era jodido profanar a la Moza. Sin su venia. Tocar sus cabellos. Acariciar su piel. Violentar su boca. No me extraña que los llamaras a la violación, Niña. Eres la más hermosa de la clase. Esa hermosura, que no se compra. Ni va con lo último en maquillaje y sombra de ojos. Esa belleza, que no necesita de liposucciones. Ni de nóminas enteras en centros de belleza. Guapa, como la madre que te parió.
Tócala otra vez, Fútbol. Desde el fondo de la sala. En la penumbra que dejan los años, suspendidos sobre el rayo de luz de la esperanza que se abre tallado en polvo a través de la ventana del tiempo. Tócala, Fútbol, y llévanos enlazaos hacia la claridá. En pasos cortitos, si quieres. Pero llévanos allí. Donde pueda verme el rostro. Y yo pueda ver el suyo. Y nos reconozcamos, el uno al otro. Y nos besemos. Importándonos menos los focos de arriba, que los cuchicheos de abajo. Déjame quererla tal y como fue. Virgen. Doncella. Con esa belleza que no ocultan los harapos. Cada vez que asoma… me cautiva. Otra vez. Como esta noche. Como tantas otras. En la riqueza y en la pobreza. En la enfermedá y en la salud.
Me encanta verla cuando se escapa, saltando el jardín del cluz. Y corre a abrazarse a mi cintura. Notando el latir de su pecho sobre mi corazón. Gol…gol…gol…gol… Hoy, me ha vuelto a sonreír. Con esa sonrisa tan extraña, impregnada a partes iguales de felicidá y martirio. La he tenido hasta antes de medianoche. Y hemos desgastao el parqué a ritmo de chotis. Fundidos, pues siempre hemos sido uno que tenía dos mitades. De la cual una de ellas, tiene que correr a su penitenciaría llegada la luna pura. Pa que su vestido se vuelva a convertir en jirones, y su carroza en un carro de buhonero. De charlatán. Esta noche, ha perdido un zapatito de cristal en la carrera. En tanto repicaban sobre el Manzanares las campanadas de la prescripción. Me he agachao a recogerlo. Marca “Coraje y Corazón”. Olía a eau de O’Donnell. Con una gotitas de jazmín de Cuatroca. Y llevaba grabao en un costao, a sangre y nieve, una leyenda corta. Breve. Intensa. Me he sonreído al verla. Porque llorar, dicen que es de nenazas… Quiero que vuelva. ¿Has oído, Fútbol?. Tienes que volvermela a traer… Libre de chulos. Porque nunca fue puta.
Un cordial saludo, atléticas. Atletistas. Indias. Colchoneras. Saludaos quedan también los tíos, se sobreentiende, que no hace falta una ministra pa' que se sepan estas cosas tan básicas...
Mi nombre, en el barrio, es Luismi, aunque por 'interné' se me conozca por Cochise. En esto del Atleti, llevo “secuestraó” tanto como muchos, más que algunos y menos que otros. Hasta finales de los 70, no creo que tuviera constancia firme de que alguien por allá arriba me tocó con una varita a Rayas. Ya sabéis el color, no insisto. ¡Ah! Y que en mi barrio de casi toda la vida, se inauguró hace no mucho un polideportivo al que bautizaron como “Luis Aragonés”. Cual pica en Flandes. Y que eso de escribir y pintar, me viene de cani; en plan autodidacta, que menudos somos los atléticos pa' que nos ordenen...
Como las presentaciones personales, así, con el mando a distancia, no me van ni medio mucho, voy a dar por concluido el prólogo. Iré asomando mi biografía atlética con algún articulillo que los “jefes” me vayan dejando colgar. Supongo, que como a otros compañeros que darán el callete por aquí, con su particular visión del Atleti.
Pues hale, a la “compota”. Que hay mu buena fruta pa' hacerla. Sin tener necesariamente que ser manzanas “manolete” ni fresones “ruiz”. Ni, por supuesto, guindos “de la parra”.
Que sea lo que Neptuno, y sus hijos, quieran.
S I E M P R E A T L E T I.-