
El caso es que, cegados o acomodados por las nuevas luces de neón que traían estos macro-empresarios para con el Fútbol y sus problemas, los aficionados caímos de modo mayoritario en sus brazos, esperando en cada uno de ellos al rey Midas que el vecino no tenía. ¿Todos?. No, como aquella aldea gala, cuatro gatos resistieron a la horda SAD. ¿Cómo los super-clubes de la Castellana y Las Corts, no se integraban en esa panacea deportiva que venía de la mano de "dueños" responsabilísimos y respetabilísimos?... Lagarto, lagarto. "Si hubiera sido algo tan bueno, estos habrían entrao los primeros", sentenció por aquel entonces la voz de un tan veterano como anónimo aficionao del Atleti.
Para que la nueva época brillara con esplendor sobre la vieja, había que mover el cotarro. Primero, con el diseño de la idea. Un constructor de Burgo de Osma, a quien prefiero obviar en su nombre por la extraña costumbre de no despotricar contra los que ya no están con nosotros, fue el ideólogo. Pero, se necesitaba un altavoz. Mediático. Con fuerza. Y ahí, apareció la figura del "masca" de entonces: Supergarcía. ¡La de noches de transistor que nos dieron, contando las bondades de la gestión privada y responsable de los clubes...!. Y, como colofón, la situación requería un destinatario operativo del mensaje: el Gobierno. Y un tal Cortés Elvira, por entonces secretario de Estado para el Deporte, se ocupó de recoger el guante. Con el triunvirato emisor-megáfono-receptor montado, las ondas se poblaron de loas al nuevo régimen. La causa principal, la acuciante deuda que maniataba a los clubes, y que por esos años rondaba un montante global cercano a los 30.000 millones de pesetas. Unos 170 y tantos millones de euros. Ya ven, todo el Fútbol profesional español de principios de los '90 debía aproximadamente un tercio de lo que a día de hoy dicen que tiene de deuda el Atleti: más de 80.000 millones de pesetas. O unos 500 millones de euros, que suena a menos. Pero claro, ¡cómo íbamos saber esto entonces!. En tiempos donde se nos contaba que el Fútbol era un negocio ruinoso, y que sólo quedaba en manos de los "arcángeles" empresariales salvarlo poniendo su parné. Se daba el caso de que aficionados de pequeñitos al Bilbao, se volcaban económicamente en el Atleti, por ejemplo, aunque eso eran temas o desconocidos, o menores. Arrepentidos los quiere el Señor.
Así es que, un 30 de junio de 1992, los más parias le dimos el descabello a los clubes. O lo que es lo mismo, a la posibilidad de que el aficionado controlara en mayoría la gestión del club de sus amores por medio de la papeleta y la urna. Que, seamos sinceros, no es que sea la panacea total, porque en todas las fechas hay habas en el puchero pero, desde luego, otorgaba la posibilidad a los MÁXIMOS amantes y protectores de su club de mantener un arma en forma de sobre con la que validar o rechazar periódicamente la gestión de sus dirigentes electos. Hombres, como los que votaban, con sus luces y sus sombras. Haciendo fuerza común porque éstas no se coman a aquéllas y, de sucederse, cambiar a los sujetos al frente. Algo muy normalizado, muy demócrata, que se practica hasta en las reuniones de vecinos. Hasta en tiempos del caudillo, dicen...
En aquel incipiente verano del '92, los perrillos falderos ladramos la buena nueva: ya teníamos amo. Algunos, por los pelos y con el sudor en la mano. Pero había llegado nuestro súper-gestor a los mandos, que haría desde un Manzanares navegable en Madrid, a un Guadalquivir con cascadas a lo Niágara en Sevilla. La ilusión, no es mala. Diriá que es hasta sana. Cosquilleante. Cuando uno se deja seducir por una novia o un rey-midas de la vida. La parte más desagradable viene cuando ese novio no cumple las expectativas; o has pillado al mitad empresario mitad maná, metiéndote mano en la cartera. "Psché, psché, que le roban...", espetan unos señores vestidos de jueces al lado. Y silbas, pasando de ilusionado a iluso. O simplemente, no te das cuenta de que te birlaron la billetera, porque tienes los oídos puestos en lo buen señor y sacrificado que es ese tipo que te manga. Te lo cuentan los que siguen al Club, que deben de saber de esto mucho más que tú, que entre el curro y la familia, no tienes tiempo de pasarte por el Campo, ni la ciudad deportiva, ni puedes hablar con toda esa retahíla de divos... Claro, que para todo esto hay poco tiempo de reflexión: cuando un solo jugador, con sus mocos incluídos, vale tanto o más que bastantes clubes históricos, andamos mirando otras parras por el camino. Pensándolo bien, no es más que la constatación de que el aficionado ha vendido su carácter colectivo, en aras de la adoración al individuo. Ya sea jugador, entrenador o directivo.
La verdad, nos dejamos engañar a lo largo del camino. Allá, por ese no tan lejano 92, el precio por el que un tipo podía quedarse todo el patrimonio, historia, exclusividad y potencial de un club, resultaba irrisorio. Por ejemplo, el capital social a desembolsar por el Betis, se fijó por el CSD en 1.175 millones de pesetas.
Poco menos de lo que 4 años más tarde costaría un fichaje de relumbrón. El del Atleti, se estableció en 2.000 millones de rubias. Estadio, terrenos adyacentes, mercadotecnia, derechos de autor, jugadores y cientos de miles de "clientes" fidelizaos de por vida al "producto", costaron 2.000 millones de pesetas. De las que ya sabemos por nuestros medios y sin contar con la prensa, que el difunto de Soria no puso los 1.300 que firmó, ni el que se dice presidente actual y no ha sido votado por la masa social, los casi 700 restantes. Recordando más cosillas, decir que éste compró a 850 calillas la acción, mientras al resto de mortales les valió 8.500 del ala, y que aquél ingresó en su cuenta particular de Promociones Fubolísticas los 112 millones que sí aportaron los pequeños accionistas. Más tarde, según nos cuentan 5 magistrados del Tribunal Supremo, la saga de los Gil metió mano en la caja del Club para arreglarse unos chalets castellanos, en un montante de millones cercano a lo desembolsado por los minoritarios. Pero deben de ser fruslerías, porque de ello no se hizo eco ni el tato de la prensa deportiva "responsable, imparcial y objetiva" que nos ha tocao en suerte en este país. Al contrario. Todo fue una persecución política (que parte habría) de un chacal contra una hiena. Y entre medias, los pobres corderitos gritando "¡Atleti, Atleti!". Como si el Club fuera un ente supra-normal, al que le valen los rezos y alabanzas para mantenerse en el Olimpo.
El lobito está cobrando y los corderitos, balando. ¿Verdad, Joserra?
Un cordial saludo, atléticas. Atletistas. Indias. Colchoneras. Saludaos quedan también los tíos, se sobreentiende, que no hace falta una ministra pa' que se sepan estas cosas tan básicas...
Mi nombre, en el barrio, es Luismi, aunque por 'interné' se me conozca por Cochise. En esto del Atleti, llevo “secuestraó” tanto como muchos, más que algunos y menos que otros. Hasta finales de los 70, no creo que tuviera constancia firme de que alguien por allá arriba me tocó con una varita a Rayas. Ya sabéis el color, no insisto. ¡Ah! Y que en mi barrio de casi toda la vida, se inauguró hace no mucho un polideportivo al que bautizaron como “Luis Aragonés”. Cual pica en Flandes. Y que eso de escribir y pintar, me viene de cani; en plan autodidacta, que menudos somos los atléticos pa' que nos ordenen...
Como las presentaciones personales, así, con el mando a distancia, no me van ni medio mucho, voy a dar por concluido el prólogo. Iré asomando mi biografía atlética con algún articulillo que los “jefes” me vayan dejando colgar. Supongo, que como a otros compañeros que darán el callete por aquí, con su particular visión del Atleti.
Pues hale, a la “compota”. Que hay mu buena fruta pa' hacerla. Sin tener necesariamente que ser manzanas “manolete” ni fresones “ruiz”. Ni, por supuesto, guindos “de la parra”.
Que sea lo que Neptuno, y sus hijos, quieran.
S I E M P R E A T L E T I.-