
Evidentemente, ha llovido muchas veces en Madrid, más de las que puedo recordar y, seguramente, menos de las que me hubiese gustado. Pero aquella fue especial. Por la lluvia, porque era la primera temporada de un Futre que venía de ser campeón de Europa e ilusionaba, y porque era la segunda vez en cuatro años que se daba aquel resultado. Había, pues, motivos para estar contento en aquel Noviembre de 1987, donde, si las fechas me cuadran, yo tenía poco más de dos años, edad suficiente según mi padre para acordarme de ciertas cosas que tuvieran que ver con el Atleti. Ante esas afirmaciones paternas, más de una vez me ha tocado asentir con la cabeza mientras escuchaba en silencio algunas de sus historias. Muchas ellas, claro está, sobre Arteche.
Fuerte y duro dentro del terreno de juego, fiel y honrado fuera de él, Arteche fue el emblema del Atlético de Madrid de los ochenta, aquel que ganó una final de Copa, perdió otra, y tiñó Lyon de rojiblanco el día que la Selección rusa saltó al césped disfraza del Dinamo de Kiev. El mismo Atleti que un día se convirtió en SAD y perdió los valores con los que había crecido durante muchos años y en los que creían muchos, incluido nuestro protagonista. Arteche, perdonen si no lo he dicho antes, no sacaba el balón jugado como lo hacía Piqué, no era tan rápido al cruce como lo era Pepe, y no tenía la clase de Lucio. Era un trabajador, un gladiador, y un central de los que infundía respeto. Entiendo que todos saben por dónde voy.
Así, Arteche formaba parte de un Atlético de Madrid que poco o nada tiene que ver con lo que es ahora. Otras costumbres, otras prioridades, y por supuesto, otros ídolos. Para mí, al igual que para otros muchos, ese Atleti existe por mi padre, por sus historias y por sus recuerdos. Un Atlético de Madrid donde la base principal eran los canteranos, y donde había alguien que mandaba en el vestuario teniendo la responsabilidad de enseñar lo que significaban el oso y el madroño en el pecho. Y ése era Arteche.
Por eso, la noche que llovió en Madrid, Arteche fue el Atleti. Ese Atleti que no es el de ahora. Ese Atleti que era ¿nuestro?
Hola, soy Borja de Matías y tengo 22 años. Atlético desde que nací. Fui creciendo y cada día que pasaba me hacía más y más fiel a esta pasión que es el Atleti. Rompía la hucha y me marchaba a las taquilllas del Calderón yo solo, con mis trece años, engañando a mis padres, que por supuesto no sabían nada.
Me ha tocado vivir la peor época del Atleti, y ya es hora de que esto empiece a cambiar. Desde aquí haremos lo que podamos.
Soy un aspirante a periodista (dicen que ya que no puedes jugar al fútbol, al menos hay que consolarse con contarlo). He trabajado en Radio Pozuelo como Jefe de Deportes, llevando un programa de fútbol internacional, como redactor de la web: Soy bluebbva, y estoy ahora de redactor de deportes en el Diario de Alcalá.
El Atleti es mi vida. Todavía no he encontrado nada que iguale la pasión que siento por la rojiblanca. Espero transmitiros esa pasión a traves de mis escritos.