
Siempre está ahí, en la parada del bus que se encuentra cerca del fondo norte del Vicente Calderón, en frente de “La Bodeguilla”, siempre con su bufanda rojiblanca, sin dibujos, ni emblemas, solo con los colores del que en otro tiempo compartía cartel con la bicefalia del fútbol español. Da igual horario, climatología o situación del equipo, siempre que paso por ese lugar ella está sentada esperando el autobús.
La primera vez que me fijé en aquella señora fue durante la temporada del descenso, allí estaba, acabábamos de perder 0-3 con el Barça, una semana más tarde certificaríamos el descenso a segunda división en Oviedo. Aquel día, cabizbajo estaba dentro del coche de una amiga, de retorno a casa, ella estaba sentada en la parada, pelo canoso, unos setenta años, manos entrelazas, gabardina gris y paraguas, llovía por Madrid aquel nefasto día, y sobre todo con una mirada especial, esa mirada que tiene la gente solitaria, embargada en sus pensamientos. Un día de perros con esa edad, el equipo al borde del descenso y ahí estuvo ella.
Tras esa coincidencia su imagen me ha acompañado durante estos 10 años de fracasos, ridículos, caídas estrepitosas y ligeros repuntes, muy ligeros, esa imagen se convirtió en un momento de mi fin de semana futbolero, a veces, algún partido no coincidíamos, yo me preocupaba, sin saber su nombre, como si fuéramos familia, como si faltase algo al partido del Atleti.
Pero desde finales de la temporada pasada no he vuelto a verla en la fría parada del autobús, no he vuelto a vislumbrar su bufanda de lana, ni ese caminar torpón, pero decidido que traía desde el Calderón, y este jueves al no verla en “su” parada me he puesto triste porque espero y deseo que haya podido disfrutar del partido, el único momento decente en una década, la única puerta abierta para poder volver a comer en la mesa que jamás debimos abandonar.
Un instante que gente como ella merecen más que nadie, simplemente por los años de fidelidad, por el esfuerzo de acudir a un campo incómodo, con una edad avanzada, viendo este mal sucedáneo, por eso, simplemente gracias, porque gente como usted nos regalan el derecho a ser diferentes, a que en las escuelas de vez en cuando veamos algún niño vestido de rojiblanco, a que todavía podamos pensar en que volveremos.
Licenciado en periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, comencé a trabajar en una pequeña agencia informativa, Madrid Deportes, donde realicé las labores de reportero en diferentes campos del fútbol modesto madrileño, colaborando a la vez con varias radios locales que también se interesaban por el fútbol pequeño de la comunidad.
En el año 2006 estuve de becario en la sección de deportes de El Mundo y luego pasé a los informativos de la Televisión Autonómica de Castilla la Mancha, desde donde fui a la redacción de deportes de ABC.
Actualmente trabajo en la Agencia Servimedia, además de trabajar para diferentes publicaciones especializadas en boxeo y deportes de contacto.