
Si tenemos en cuenta que la inmensa mayoría de los aficionados de un equipo de fútbol son inmensamente más pobres que sus dirigentes se puede hasta comprender que a cualquier acusación a un directivo se aplique siempre el agravamente de tener suficiente pasta para permitirse gastar una parte en el club de tus amores. Además ¿para qué vamos a vender milongas? Uno se hace directivo fundamentalmente por la misma razón por la que uno se hace político. Vamos, por medrar. Sea económicamente o socialmente, para que te reconozcan por la calle o para que te aparezcan amigos o amantes detrás de cualquier abrigo. Eso sí, hay que reconocer que el directivo, como el político, tiene la tendencia a afiliarse al partido o al equipo de sus colores o ideología. Y dependiendo del individuo eso está feo.
Algunos deberían hacer como yo. Si alguna vez opto a ser directivo será de un equipo que me despierte gran aversión para dejarlos hundidos en tres años. Sería el mayor favor que le podría hacer al Atleti. Y si alguno de los directivos rojiblancos de los últimos años hubiera seguido está táctica igual no hubiéramos ganado nada, pero algún otro lo habríamos condenado al pozo de por vida.
Las empresas suelen contratar cargos de confianza y normalmente se busca el perfil adecuado en un proceso de selección. Se elabora un listado de los candidatos que parecen idóneos, se contacta con los candidatos, se les sondea y si el tema promete se le entrevista. Uno se debe asegurar de tener todos los elementos para tener más opciones de no errar. Si cuando se deben contactar a los candidatos, el responsable de recursos humanos adujera que a fulano no se le puede hacer una oferta porque no se le localiza pueden pasar dos cosas, 1: que traiga la esquela del diario vietnamita del pueblo donde se ahogó el candidato haciendo surf, y 2: está claro que además de un cargo de confianza se necesita un nuevo responsable de recursos humanos.
Y ustedes dirán “que nos importa este hipotético caso de incompetencia”. Cierto es. Pero tengo grabada a fuego una comparecencia de Enrique Cerezo cuando se fichó a Abel Resino para substituir a Aguirre. Le preguntaron si se habían planteado la posibilidad de fichar a Rijkaard que ya había salido del Barcelona. Cerezo, con toda la pachorra del mundo, reconoció que era una opción pero se descartó porque no lo localizaron. Añadió que alguien les había pasado un teléfono pero que cuando llamaron no les respondió. Y ahí murió el asunto.
O sea que una institución que mueve millones y millones de euros de presupuesto no puede explorar la opción del entrenador ideal porque no lo pueden localizar. Hay que reconocer que la realidad supera a la ficción. Y se trata de una decisión estratégica que ha marcado el futuro de la entidad. Fichar a Rijkaard era más que tener un nuevo entrenador. Era apostar por un cambio en el estilo e intentar definir una personalidad a un conjunto que desde 1998 es una montaña rusa con descensos vertiginosos y leves repechos. La apuesta podría haber salido bien o mal pero era, sin lugar a dudas, la más sólida desde tiempos del Doblete.
Ricard Poy Hervás, nacido en Barcelona el 22 de junio de 1969.
Licenciado en periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona en 1993.
Máster en periodismo deportivo en la Universidad Autónoma de Barcelona realizado en 1994
Prácticas de la facultad como redacto de deportes en TV3 en 1993
Redactor de deportes del diario Poble Andorrá en 1994
Redactor de política del diario Poble Andorrá en 1994-1995
Jefe de redacción del diario Poble Andorrá en 1995
Jefe de redacción de la Radio y Televisión púbicas del Principado de Andorra (RTVASA) 1996-1999
Jefe de redacción del Diari d'Andorra 1999-2001
Director de informativos de a Radio y Televisión púbicas del Principado de Andorra (RTVASA) 2001-2004
Subdirector del Diari d'Andorra 2004-2008
Director del Diari d'Andorra desde el 2008
Premio Pirene de periodismo 2001
Premio de las Artes y las Letras en modalidad Periodismo en 1997