
Mi padre trajo un día a mi casa dos camisetas con rayas rojiblancas con el escudo cosido en el pecho y eso, en aquel momento en el que 'merchandaising' era una palabra totalmente desconocida, fue lo suficientemente impactante para que lo recuerde durante toda mi vida. Aquellas fueron nuestras primeras camisetas del Atleti. Una camiseta de algodón que se ajustaba a la piel, con el escudo cosido a mano en el pecho y con un número negro que se sujetaba a duras penas a la espalda. Para mí, el 7 de Pedraza, y para mi hermano, aunque él ahora no lo recuerde demasiado bien, el 4, de Arteche.
Yo a Arteche le vi jugar en el Benito Villamarín y en el Sánchez Pizjuán, cada vez que el Atleti venía a Andalucía, donde mi padre nos llevaba. Mis recuerdos de aquella época son su carácter serio y su bigote, que era tan grande como el de mi padre. También recuerdo que los amigos que nos acompañaban no se ponían muy de acuerdo sobre él: que si Arteche está para jubilarse, que si es un tronco por un lado y que si míralo qué huevos tiene, que si con Arteche ahí no pasa ni Dios, por el otro. Después pasó lo que pasó: él se fue de mala manera después de tantos años vistiendo esta camiseta y advirtió anticipadamente muchas de las desgracias que habrían de venir. Nosotros miramos para otro lado porque nunca pudimos pensar que echaríamos tanto de menos nuestra Historia más reciente.
Ahora ya no hay jugadores que vistan nuestra camiseta durante al menos una década. En estos pesarosos tiempos en los que nuestro capitán hace anuncios mentirosos, y los jugadores tiran los puntos un domingo y la honra y el honor –el nuestro, no el suyo- en un miércoles cualquiera, en esta triste etapa donde jugadores como Arteche, por su espíritu, por su empuje, por la significancia de amor a unos colores, son para nosotros un lacerante recuerdo, él está en un hospital luchando contra un cáncer. Y lo está haciendo como si marcase a Santillana en un derbi, con seriedad, con dureza, con el carácter agrio que confiere la responsabilidad del que sabe bien lo que se está jugando.
Desde esta humilde tribuna yo quiero mandarle un sentido abrazo a Juan Carlos Arteche, y quiero que sepa que este sentimiento que algunos llevamos pegado a la piel y del que no podremos desprendernos jamás, se lo debemos a tipos como él, que vistieron nuestra camiseta con amor, con respeto, con orgullo, y quiero que sepa también que mi hermano, aunque ahora no se acuerde mucho, era él.
José Luis Pineda Requena es un cordobés que nació con el veneno rojiblanco inoculado en sus venas.
Informático de profesión, ahora trata de aferrarse a la que es su verdadera vocación: la escritura. Después de haber obtenido varios premios de poesía y relato corto, se encuentra inmerso en el ilusionante proyecto de escribir su primera novela.
Podríamos decir que habita en ese incierto y exiguo terreno que separa a un escritor incipiente de uno frustrado.
Apasionado del fútbol y del Atlético de Madrid por encima de todas las cosas de este mundo, colabora como articulista y tertuliano en medios de prensa cordobeses tales como Cordobadeporte.com, Onda Mezquita televisión o Punto Radio Córdoba.
Blog personal: Capitán Alatriste