
La actividad económica, como lo es también el clima o los astros, es cíclica y fluctuante. La experiencia histórica muestra que suelen existir ciclos, llamados Jutglar, tienen una duración de entre diez y quince años, en los que nos encontramos una fase de expansión que culmina con un pico, seguida de otra de desaceleración que termina en recesión. Ocurre con las temperaturas, con las lluvias, con los precios. Y ocurre también con el Atleti.
La Historia y los más antiguos del lugar cuentan que no siempre fue así, que una vez, aunque ahora cueste creerlo, el Atlético de Madrid fue uno de esos clubs que están por encima de leyes empíricamente universales. Un equipo instalado en la fase de expansión donde los picos eran constantes y la fases de recesión efímeras y volátiles anécdotas. Todos hemos oído hablar del Metropolitano o de Ben Barek, de la delantera de seda, y de Adelardo y del mientras unos van de pie nosotros todos sentados. Todos hemos sufrido aunque ni siquiera hubiéramos nacido con aquella fatídica noche de Heysel y sabemos, aunque no lo viéramos, que Gárate fue el mejor. Somos muchos los que siempre usamos el don para referirnos a Vicente Calderón por más que casi ni lo recordemos y los que a base de todos estos mitos que leímos aquí y nos contaron allá sentimos al Atlético de Madrid como un club de leyenda, por encima de leyes fluctuantes que afectan al común de los mortales.
Pero la realidad es que la generación que nació con la democracia y todas cuantas la siguen han visto al Atlético de Madrid descabalgado de ese Olimpo en el que las leyes que rigen el funcionamiento del mundo son completamente absurdas. Vinieron las sociedades anónimas y la pérdida de identidad, y eso, comandado con la nefasta gestión de la familia Gil dio con el Atlético en la Tierra.
Pasaron diecinueve años entre la última y la penúltima liga del Atleti. Ahora, ya han pasado doce desde aquel inolvidable doblete. Vuelve a sonar la música de Champions y los tambores de guerra redoblan a la orilla del río. Probablemente un nuevo pico de esos ciclos que definen el movimiento del mundo se acerca y con él, una oportunidad única para subir de nuevo a ese Olimpo abandonado. Un lugar del que el Atleti nunca debió descender.
José Luis Pineda Requena es un cordobés que nació con el veneno rojiblanco inoculado en sus venas.
Informático de profesión, ahora trata de aferrarse a la que es su verdadera vocación: la escritura. Después de haber obtenido varios premios de poesía y relato corto, se encuentra inmerso en el ilusionante proyecto de escribir su primera novela.
Podríamos decir que habita en ese incierto y exiguo terreno que separa a un escritor incipiente de uno frustrado.
Apasionado del fútbol y del Atlético de Madrid por encima de todas las cosas de este mundo, colabora como articulista y tertuliano en medios de prensa cordobeses tales como Cordobadeporte.com, Onda Mezquita televisión o Punto Radio Córdoba.
Blog personal: Capitán Alatriste