
Agüero se ha equivocado. Es un jugador que lo tiene todo a los veintiún años y cuando te ves así, tan joven, y rodeado de tanta estrella y tanto aplauso fácil es fácil perder la perspectiva y no interpretar del todo el alcance de aquello que se dice. Cuando el Kun dice que ojalá Messi lo lleve al Barcelona estoy seguro de que ha sido incapaz de pensar en esos miles de niños que acuden cada quince días al Calderón vestidos de rojo y blanco con el número 10 y su nombre a la espalda. Aquellos niños para quien él es un referente, un ídolo. Agüero no ha medido el dolor que puede provocar la incomprensión que se deriva de sus palabras, a los niños y también a los que no lo son y no ha sabido tampoco, tal vez porque nadie se lo haya dicho, la tremenda falta de respeto que ha tenido con el club que le paga, pero sobre todo, con la gente que lo quiere.
Pero la culpa no es toda suya, seamos francos. Repartamos trocito a trocito ese error de Agüero que nos hace tan pequeños, que refleja tan bien nuestra realidad. Porque un error de ese calibre, debería propiciar una respuesta contundente que estoy seguro no ha de ocurrir. En primer lugar del capitán, que tan cerca lo tiene. El capitán del equipo debería estar para descolgar el teléfono en estos casos y hablar con los jugadores que sacan los pies del tiesto. Hablar muy clarito, y ponerles los pies en la tierra, y respetar los anhelos y las aspiraciones de cada cual, pero siempre bajo el amparo de una regla universal: El Atlético de Madrid es sagrado y lo es mientras estés en este vestuario. Si no aceptas esto, es la hora de marchar. La responsabilidad también es de la directiva, que debería automáticamente llamar al orden a un jugador que comete tal desliz. Y debería hacerlo pública y privadamente. Una directiva que previo a eso, debería haber dejado muy claro a cada cual qué equipo es el Atlético de Madrid, a qué clase de institución van a empezar a pertenecer. Y así tal vez estas cosas no sucederían.
Y un poco la afición, con tanto tragar, tiene parte de culpa en este affaire. Las declaraciones del argentino no son más que la punta del iceberg, son los primeros ejemplos concretos de en lo que entre todos estamos convirtiendo a este club. Un equipo de paso, un lugar al que estar agradecido por el buen trato y que ha de servir de trampolín para llegar a un grande “de verdad”. Hacia eso inexorablemente vamos y en nuestra mano está, en la de la afición exigiendo y en la de la directiva que no dirige de una vez dirigiendo, seguir por estos derroteros o tomar por siempre el camino por el que siempre transitamos.
José Luis Pineda Requena es un cordobés que nació con el veneno rojiblanco inoculado en sus venas.
Informático de profesión, ahora trata de aferrarse a la que es su verdadera vocación: la escritura. Después de haber obtenido varios premios de poesía y relato corto, se encuentra inmerso en el ilusionante proyecto de escribir su primera novela.
Podríamos decir que habita en ese incierto y exiguo terreno que separa a un escritor incipiente de uno frustrado.
Apasionado del fútbol y del Atlético de Madrid por encima de todas las cosas de este mundo, colabora como articulista y tertuliano en medios de prensa cordobeses tales como Cordobadeporte.com, Onda Mezquita televisión o Punto Radio Córdoba.
Blog personal: Capitán Alatriste