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Jueves, 9 febrero 2012
La agonía del Mediapunta por Emilio Muñoz

GENIOS Y FIGURAS

Por Emilio Muñoz
mar. 24 ene, 12:00
atletico de madrid por emilio muñoz
– Goyo, vamos, que se nos hace tarde… –llamó de nuevo Gregorio, el padre, intentando no acumular más retraso del acostumbrado de camino al colegio.

Goyo colocaba extasiado en perfecta alineación la numerosa colección de figuras. Todas con torsos pintados de rojo y blanco, todas con el pantalón azul, como debe ser. Descansaban sobre esas peanas que fracasaban en el intento de apegar al terreno escorzos imposibles y remates acrobáticos. Gregorio se detuvo un momento en el quicio de la puerta del dormitorio viendo cómo su hijo volvía a pasar revista a su ejército de leyendas rojiblancas, su pasatiempo favorito. Miraba lleno de orgullo al comprobar que el pequeño, que tanto se parecía a él, había heredado su misma pasión.

Esa pasión que le llevó a iniciar la colección hace ya demasiados años. Revivió la antigua liturgia, el olor del plomo fundido y la avidez con la que invadía los moldes, el mimo al limpiar los pinceles, la sequedad que provocaba el aguarrás en sus manos...Continuó durante muchos años alimentando esa afición que le hurtaba horas y vista, dejándola solo de lado, aparcada por la falta de tiempo, cuando su familia se multiplicó. Su hijo Goyo creció, empezó a juguetear con ellas, las hacía bailar alrededor de un garbanzo con hechuras de balón, aprendió los nombres de los representados, retuvo lo que significaron en la historia de su equipo, revivió los partidos tantas veces contados por sus mayores, organizó sus propios concursos de lanzamientos de golpe franco en los que las figuras de Luis, de Pantic, de Dirceu, maltrataban las escuadras de unas porterías con redes de malla de patatas, desplegaba sus recursos a la manera de Antic, a la de Ivic o incluso a la de García Traid, imaginaba los gritos de Arteche y Pereira pidiendo avances de sus laterales, galopaba por las bandas de una alfombra gastada de la mano de Futre o de Leivinha, se zafaba del marcaje de los deberes del colegio para dibujar remates de cabeza de Gárate o de un niño pecoso de Fuenlabrada, dejó junto a esos trozos de plomo pintado tardes enteras, les hablaba y les deseaba las buenas noches y hasta le pareció que alguna vez Leal respondió a su despedida nocturna levantando levemente la mano vendada.

Hace un par de años Gregorio y Goyo modelaron sus últimas figuras llevados por la euforia. No utilizaron el plomo como materia prima, lo sustituyeron por un menos contaminante poliéster resinoso. Evidentemente, las figuras perdieron peso, pero no solo masa real y medible, perdieron el peso de tener toda una historia atrás. Las figuras actuales son más quebradizas, más frágiles. Muchas de esas últimas figuras están apartadas de las demás, en un cajón del que ya casi no salen. La mayoría de ellas resisten mucho peor el paso del tiempo que sus congéneres de recio plomo a pesar de las tremendas diferencias en la fecha de fabricación. Seguramente, en menos tiempo del que pensamos, nadie se acordará de ellas.

Dentro de unos años, demasiados probablemente, alegrías puntuales harán que un anciano Gregorio y hijo Goyo tengan la tentación de retomar el antiguo hobby de crear con sus manos esas nuevas figuras. Al final desistirán, se impondrán a sí mismos la falsa creencia de que no van a hacer más por falta de tiempo o por cortedad de vista, pero no será por eso. No lo harán por no sentir como suyas esas figuras más ecológicamente ligeras, por no saber si ése que tal vez la merecería pertenece al Atleti en su totalidad o en un tanto por ciento despreciable, por no conocer cuánto tiempo se quedará a nuestro lado, por la pérdida de peso, en suma, de los candidatos a ser inmortalizados. La colección seguirá constando de los mismos elementos. No se sumará ninguno más. Y ambos dos seguirán mirando cómo el pequeño Goyito, la tercera generación, empezará a escenificar sobre una manta convertida en improvisado campo de fútbol una gran parada de Reina a disparo de un zancudo jugador con las medias bajadas que no puede ser otro que Rubén Cano.

 
 
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