
El encuentro comenzó con velocidad y brío. Un Atleti bien plantado y un Sevilla especialmente intenso. Tan especialmente intenso que en mi opinión, y como ocurre desgraciadamente con demasiada frecuencia, el conjunto sevillano traspasó por momentos la línea de la legalidad. Nada fuera de lo común ni exagerado si en el campo hubiese existido un árbitro normal y decente que simplemente entienda el fútbol como es. Si el árbitro hubiese parado las reiteradas faltas de violencia creciente contra Falcao con una tarjeta amarilla a tiempo muy probablemente los ánimos se hubiesen forzosamente relajado en ambos equipos. Nada más lejos de la realidad. El trencilla, muy malo todo el partido, lo que hace es sacar tarjeta amarilla al colombiano a la primera oportunidad que tiene. De forma innecesaria desde mi punto de vista. Esto lo único que provoca es abrir la caja de Pandora y a partir de ese momento el partido se transformó en un encuentro especialmente bronco, violento y trabado. La primera parte fue una sucesión de choques, patadas, luchas denodadas por el balón y derroche físico. Poco más. El Sevilla sorprendió abriendo el campo, tirando línea atrás de tres y jugando en campo contrario pero ese esquema tan prometedor se perdía en un manejo de balón pobre y lento que impedía crear fútbol. El Atleti compacto y tensionado como acostumbra pero más de atrás de lo normal y con una actitud bastante más reservona de lo que deseado. Totalmente alérgico al balón, las pocas salidas a la contra que provocó fueron siempre carreras a la desesperada, muy lejos de ese equipo vertical y con mordiente al que estamos acostumbrado. Apenas una ocasión digna de mención por cada equipo. Un tiro desde fuera del área de Mario Suárez y un remate a la medio vuelta de Negredo que gana bien el balón dentro del área pero lo remata francamente mal.
Pero es que la segunda parte fue incluso peor. El Atleti lejos de mejorar dio la sensación de estar contento con el modo en el que se estaba desarrollando el partido e incluso con el resultado. Mal síntoma. Aún así es cierto que el equipo no bajó un átomo la intensidad física y táctica, a pesar del aumento de revoluciones que metió el equipo del Nervión. Los de Emery empezaron a mover con mayor velocidad el esférico y llegando por las bandas empezaron a deambular más cerca del área colchonera. Bien es verdad que sin ningún peligro a excepción de un remate de cabeza dentro del área que San Courtois sacó de la misma línea de gol. A raíz de ahí el partido se metió en ese terreno áspero y desagradable en el que últimamente acaban todos los Sevilla-Atleti. Patadas, protestas, encontronazos, más faltas, entradas a destiempo, provocaciones, insultos,... y para terminar la fiesta, la aparición estelar de Diego Costa. El brasileño recibe (y hoy ha recibido) patadas hasta en el carnet de identidad pero su forma de interpretar un partido de fútbol es lamentable y a mí, como aficionado colchonero, me da vergüenza. Lo siento. No me gusta y me siento incómodo. Por muchos goles que meta. Constantemente buscando la provocación, escenificando cosas que no ocurren y permanentemente buscando el conflicto. La tarjeta amarilla que le sacan, y que le impedirá jugar el derby, es injusta pero a nadie sorprende.
Pero en mitad de esa pelea en el barro, con el partido en los niveles más bajos de fútbol desde el pitido inicial, con varios cambios en el campo que no habían cambiado nada, apareció la jugada clave. Patadón que llega al borde del área andaluz, Mario que se lleva el balón con ímpetu (y con la mano) para que de rechace acabe en la izquierda, Adrián que da un mal pase que acaba en el segundo palo y con buen remate de Raúl García aparece Falcao, en posición correcta, para rebañar en boca de gol. 0-1. Poco más. El Sevilla colgó el equipo a la desesperada y el Atleti cerró filas con ofició. Todo controlado salvo un par de faltas y saques de esquina concedidos de forma estúpida por unos colchoneros que se desangraban físicamente y empezaban a llegar tarde a todos los balones pero que San Courtois, otra vez, se dedicó de desbaratar cada vez que tuvo ocasión.
Pésimo partido pero gran resultado que permite mantener la segunda posición a dos puntos y que sobre todo aleja el cuarto puesto a trece. Precisamente por eso, en una temporada tan regular y tan correcta como la que está realizando el Atleti, el derby del próximo sábado se me hace intrascendente. Lo siento así. Que quiero ganar es obvio pero no es algo que me quite el sueño, sinceramente. La necesidad es infinitamente menor que otras veces. De hecho no es tal. El Atleti no necesita ganar el sábado al Madrid para salvar la temporada. Necesita ganarlo para pasarlo en la tabla y eso es tan raro pero tan gratificante que voy a pasar una semana muy tranquila.